Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Cobrarle la bala al condenado

06.10.2016 @juanromerafadon 3 minutos

Leí hace unos años que en China existía la "factura de la bala" a los condenados a muerte. ¿Rumorología maoísta o propaganda yankee? La idea en sí rezuma terror en un escalofrío desolador. Automáticamente me acordé del cómplice Borges: "Me crucifican y yo debo ser la cruz y los clavos/me tienden la copa y yo debo ser la cicuta". Un bucle en el que el principio y el fin es la culpabilidad.

Reflejo del socialismo español en estos momentos. El de un preso que cava su propia tumba. La destrucción interna sin efecto Bismark. Tragicomedia para los populares. Una bifurcación en el scalextric de la política española. Al señor Hernando no le sirve con pegar el tiro, también quiere que se tenga que atar la venda. ¡Qué razón tiene Arnao cuando dice que don Rafael tiene manías paranoica-críticas! Un partido roto, con bloques en desintegración y con airoso perfume a traición ideológica, ocupa el papel de víctima. Y no de culpable. El ridículo ha sido tal que no queda otra connotación. Pero sin espacio para la solidaridad derechista, Hernando quiere garantías reales. Le asusta que la posible abstención sea, además de traición a unos orígenes (cosa sabida y que le alegra), algo amistoso. Y que donde dije digo ahora te presento una moción de censura. Pretende que la oposición sea menos oposición, que pierdan la hegemonía del eterno rival y que arrimen todos el hombro por España.

Y entre tanto, ahí está el jardín abandonado lleno de cartones de pizza y guasa tuitera. Con una brújula fragmentada en un federalismo de desobediencia y de duda angosta. Una abstención dividida parece el camino. Esto es un decálogo de utopías huxlianas, sin saber muy bien que elección escoger de un tipo test que viene con la calificación suspensa. La única duda reside en la fecha de recuperación. ¿Hoy, mañana o pasado? No hay título oficial en cualquier caso. Una deslealtad a los ideales en pos de un sacrificio patriótico. Lo mejor para España dicen algunas voces representativas de la socialdemocracia.

Pero esto no sirve, la Sultanísima ha derrocado al Guapísimo y se ha hecho el bastión a base de fiambres de colegas. No queda más que la caída libre en escaños o en ideas. Una abstención o unas terceras redundancias firmadas por la decadencia escañil. En fin, la historia del nunca acabar. La frustración del PSOE y la alegría del PP. Dos no-bandos enfrentados ahora sentimentalmente. La política ñoña. En fin, cuídense unos por las rosas, que ya verán las gaviotas apestosas cuando le guiñen a los jueces y salgan de chirona. Ahí entonces sí que volveremos a tener un problema.

 

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