Columnismo

Fantasmas en el confesionario

El arte del lameculismo con lo que nos interesa

09.03.2017 @juanromerafadon 3 minutos

A mi ya me empieza a aburrir la idolatría al discurso político y chirriante de la campaña electoral que se recita a la velocidad de letanía en cada discusión. Me hastía hasta la saciedad la suciedad del argumento defiende-dogmas. Me aburren las falacias prefabricadas de primero de academia platónica y sobre todo me repugna el lameculismo del tontorrón fotográfico al que se aproxima la EiTB llamando paleto. Porque lo es. Además de cuñado. Y eso no tiene discusión. Igual que ellos son unos levantapiedras. Que para algo se llama regla de tres.

Pero en España lo que jode es no poder vengarse con el ansia suficiente que pudiera saciar nuestra sed de borricos. Algunos encima, que van de moderados y pacifistas, ya no recurren a la espera en la cantina con la tinaja en mano. Prefieren achacar todo al 21.1 d de la Constitución Española: "No, estoy en mi derecho, respeta mi opinión", te dice después de cagarse en tu santa madre. Pero ¡ojo!, procura decirle lo mismo, que ahí sacará su doctorado en derecho penal para explicarte que, además de machista, estás haciendo apología del discurso del odio y de la desigualdad, además de contaminar nuestros preciados cementerios. Sin más garantías fiscales, te dirá que debes pasar entre rejas de 1 a 3 años porque lo dice el artículo 510. El que se ha estudiado para la ocasión. Y tú, carcomido por la corrección política y el buenismo malintencionado agacharás la cabeza y todo quedará en silencio.

En cambio, cuando se encierra a alguien por pedir tiros en la cabeza y que vuelen el coche de cierto dirigente socialista todos se tiran de los pelos, porque parece que eso es un ejercicio de civismo digno de una matrícula de expresión. Ni odio, ni leches. Lo que verdaderamente incomoda es un autobús naranja (horrendo) y la actuación de un Drag Queen (horterísima, por cierto). Hasta eso, dicen unos y otros, hay que encarcelarlo. Me imagino las prisiones del futuro como un sitio en el que siempre suena AC/DC e impera el "mal constitucional". Entonces nos volvemos lameculos de la bandera que escondemos por Twitter y con la que censuramos en función de lo que nos interese. Entonces, en vez de cambiar de cadena, lo tildamos de odio.

España (los españoles) es el lameculismo rococó de cientos de guerras perdidas y disfrazadas de fidelidad al intelectual falso y simplón. Populista con carrera, que tiene solución a todo y que manda una armada "invencible" a buscar percebes a las cosas de Gran Bretaña. Y de ahí en adelante toda la historia de un imperio en el que nunca se ponía el sol. Excepto en Flandes. España es lameculos de la ley que le interesa y de la trinchera ensalza al grito de odio. Apología de nuestros derechos y derroche de autoritarismo al hermano rojo.  España me da igual porque España soy yo. Y no me importa porque gobierna un partido disfrazado de liberal al que abandera Esperanza Aguirre. ¡Válgame España!

Llego a la conclusión de que lo único que esta noche admito, y por supuesto admiro, es el Réquiem de Mozart en re menor k. 626. Y no por mi melomanía precisamente, sino porque ha sido dirigida con una calidad excelente por Corcuera en el concierto en memoria por las víctimas del terrorismo, provocándome una tremenda emoción. Tenía que meterlo en algún sitio. Así que, este es el lugar. Que lo disfruten.

 

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