Columnismo

Fantasmas en el confesionario

El escrache de las máscaras

20.10.2016 @juanromerafadon 2 minutos

La regurgitación del odio y la intolerancia. Revisiones de la Ley Mordaza en la praxis del escrache en términos de competencias autónomas. Como la Autónoma bloqueada y piquetada por los pacifistas de la fuerza, las pancartas del grito y los totalitarismos democráticos. Los valientes de la capucha y la máscara. Apología de un antibelicismo contaminado por su cinismo inexpugnable sin diagnóstico por dirimir. 200 se encierran mientras 39 ahogan su última bocanada de aire en la fría tempestad de Madrid. La cárcel de los errores burocráticos. Unos que silencian y a otros que les callan. España en conflicto directo. Ni Astral ha servido para tanto, ni cinco años después las ascuas del TNT se han apagado del todo. Sin comparaciones. Con perdón.

González es ese anciano al que la humedad del barco le ha roído la pana de su americana y le ha obligado a comprarse un traje. Azul. Cebrián podrá ser tan tirano como Calígula. ¡Pero joder! Hasta el antroponista del acróstico, Soto Ivars, reconoce la cabronada que ha supuesto semejante despliegue de intolerancia. Un minuto de gloria que hubiérase aprovechado micro en mano y voz al frente. Porque si no fuera en gran parte por los dos que se iban a sentar a hacerse escuchar y a disfrutar del etanol del poder, la calurosa bienvenida la hubieran dado otros. A palos. Y sin Perdón como Clint Eastwood en el 93.

Sin más referencia que una relación inconexa en todas sus partes excepto por una. La unidad del modus operandi. Reconocido  y conocido por Madina. Lo ha dicho él en Al Rojo vivo; el vasco que sufrió las lapas en sus coches y que rabia de impotencia y truena de furia porque Homs no lo condene. Y con motivo, pero él sí se sacrificaría porque la libertad de expresión de Francesc no se viera recortada. Lo ha hecho de antemano. No han sido mías esas palabras. No vuélvase al odio absoluto de aquellos tiempos en los que se volaban tricornios y se imponían txapelas de lutos. Aunque todavía algunas Errikos de Alsasua sean campos de minas y de palos para guardias civiles. Pero aquí el castigo es el cheque en blanco judicial del que hablaba Toni Asenjo. Tildan de fascistas, pero se olvidan de que fueron ellos y como ellos los que expulsaron a Unamuno de la Universidad de Salamanca. Las lecciones de historia nunca está de más repasarlas. En especial si vas a darla en nombre de la hipocresía, la intolerancia y el desconocimiento.

Se veía una pancarta del acercamiento de presos. En los mismos pasillos donde Tomás y Valiente era vilmente asesinado. El patetismo de la incongruencia. Un despliegue incorrupto del vandalismo firme ante el débil raticidio de la palabra. ¡Qué griten! Que no por más chillar se tiene más razón.

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