Columnismo

Fantasmas en el confesionario

En blanco

04.10.2018 @juanromerafadon 3 minutos

La horda de la hipocresía ha tomado los mandos de la moralidad para pontificar desde el anónimo rotulador morado. A Ángel Idígoras, que recreó en una mural la mítica fotografía El beso acompañado de una frase del Nobel Vicente Aleixandre, le escrachearon la obra porque, al parecer, era machista. Al verso "la memoria de los hombres está en sus besos", le respondió la ignorancia con una coletilla aprendida en primero de revolución que rezaba: "Y la de las mujeres, ¿dónde está?". En la esquina inferior, un solitario machirulo parecía ser el firmante de semejante atropello. El autor,dolido por la profanación intelectual a uno de sus poetas de cabeceras, decidió pintarlo entero de blanco y así zanjar una polémica que comenzaba a emerger.

Estos son los hechos y, pese a darse por sabido, merece la pena reincidir en la cronología para no olvidar el límite de la absurdez que se hace presente. A esto, han surgido las corrientes impertinentes que desde la grosería más supina han querido explicar al autor lo que tendría que haber hecho. Los artistas graduados en Twitter han concluido que, al ser una obra artística que se expone en la calle, todo el mundo tiene derecho a responder y que el autor responda. "Así el arte cobrará vida", sentencia algún mensaje. Aquí la duda: ¿Por qué? Es decir, ¿dónde lo pone?, ¿quién dice que tiene que ser así? ¿El que estropea el mural con un pintarrajeo absurdo o el que lo aplaude? Claro que, comprendiendo el extremismo mental de esa persona, cómo no se va a comprender a la legión de palmeros que se alaguen las fechorías.

Luego quedan los otros especímenes que por ahí andan, en la más angosta equidistancia para, desde la condena al ultraje, no enfrentarse al electorado pseudofeminista que jalea la gracieta. "No se puede juzgar un verso de otra época con los criterios de esta", decía un concejal de Málaga para la gente. ¿Pero de qué criterios hablamos? ¿Qué es lo que hace que la memoria de los hombres esté en sus besos sea un peligroso lema heteropratiarcal y, por ende, condenatorio? Nada, absolutamente nada. Tan solo el radicalismo de la corrección política llevado al extremo. Un me lavo las manos y a otra cosa, que pobrecito que le hayan estropeado un mural pero... Ay cuando se enteren de la misoginia de Picasso. ¿Qué harán? ¿Manifestarse en San Agustín para cerrar el museo que lleva su nombre? Y con Neruda, ¿quemarán sus libros?, ¿romperán todos los discos de Lennon? Será mejor que no tomemos este camino que, pese a compartir punto de partida moral, merecen finales muy distintos.

Lo peor es que al final han tenido su minuto de gloria y, también, por qué no, la respuesta en forma de "diálogo vivo". Ante el ataque, lo mejor es evidenciar la censura del arte. A ver a quién le molesta ahora un mural en blanco.

Y aquí me hallo.

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