Columnismo

Fantasmas en el confesionario

En la semana decisiva del desafío independentista

26.10.2017 @juanromerafadon 3 minutos

Al Puigdemont abanderado del diálogo, fiel vendedor de la paz y la concordia, no le viene bien parlem el jueves. Ni el viernes. Ni el Senado. Ni negociar algo que sea contrario "a la voluntad democrática deseosa de una nueva república", como ha declarado Junqueras a Asssociated Press. Y no puede porque sabe que su fábrica putrefacta de mentiras argumentativas, falacias.cat, ya no vende en Financial Times, Le Monde o simplemente Europa. Ha caído tan bajo que el victimismo independentista se lamenta y apena a partes iguales, rebuscando en el sur de Francia un palacete para que allí pueda declarar su república catalana. Dará lo mismo. Queda ver qué dirán los que aplaudían la actitud conciliadora del president. Si todo va según lo previsto, deberían retractarse de sus ovaciones, atentos de aquello que se componía de una carcasa lliura.

"El 155 nos vendría de coña", decía Tardá. Pero la encuesta de El Periódico de hace unos días no dice lo mismo. Ni parece que lo vaya a decir. Las oscilaciones de voto tan solo cambian en cada bloque. El soberanismo y el españolismo apenas presentan disfunciones electoral en un vs. Fiel a su idea, uno nace independista y muere independentista. Y si nace españolista, más de lo mismo. Acabará todo igual que en aquel pueblo de Cádiz, donde un alguacil prohibió la salida procesional de la cofradía del Rosario. Averigüen cómo acabó. Sólo un nexo de unión entre frente radicalizados apaciguará el cauce de los ríos: una foto una. Dos guardias civiles escoltando a Carles. De gala. Les vendría de coña.

Si fuera esta semana, algunos no se enterarían. Los arrimadas per a president estarían en plena celebración recordando aquella vuelta idílica de Tarradellas ft. Adolfo Suárez. "Ja sóc aquí", hasta 10 veces. Un hito para conmemorar y tratar con el merecido respeto. Sí, para conmemorar; pero no para utilizar. El retorno a España fue solo una metáfora, porque volvía realmente la identidad de un pueblo. A todo esto, La Vanguardia pide que "este tremendo desastre" no le salga gratis a quienes no han sabido leer el momento o no han sabido medir sus fuerzas. Y Hermann Terstch les llama agitadores del separatismo. "Los responsables deben ser Rahola, Godó, Carol, Antich y Juliana", responde por Twitter. Esto no es noticia.

Y mientras que Bescansa, en un grito ahogado dentro del alma de gallega, pide política para todos los españoles, la mano de la diosa fortuna le manda un recado: de puertas para fuera de la comisión Constitucional. Y repuesta por Montero. Dentro de la tormenta, Okdiario saca la exclusiva que cambiará el rumbo de las semanas más graves de la democracia: "Pablo Iglesias, nombrado diputado más vago del Congreso". Ataviado con un libro en su regazo y los auriculares puestos. Joder, y todo esto dentro de la semana clave para el desafío soberanista.

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