Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Éxito garantizado

11.10.2018 @juanromerafadon 3 minutos

Considere que desea plantear en el espectro culinario una producción política con la cualificación requerida para formar parte del elenco papable. Entienda que tiene delante cualquier ingrediente para comenzar la cocción y los mejores electrodomésticos para que el plato quede perfecto. Aun así, si esto le puede generar cualquier tipo de duda, aquí tiene una pequeña receta para conseguir el producto deseado paso a paso y de los consejos más adecuados para su servicio:

En primer lugar, encárguese de seleccionar bien cualquier metre que vaya a formar parte del equipo, no vaya a ser que alguno resulte carente de la higiene requerida. Absténgase de escoger a aquellos sospechosos de tener deudas con Hacienda o con la Universidad Rey Juan Carlos.  Ni se esfuerce, al final tendrá que desecharlo por las protestas de los comensales.

Haga lo mismo con aquellos productos que no tengan la etiqueta 100% ecológico. Seguro que con el topic gana algún puñado de votos del jardín de los palmeros (y las palmeras) y por lo menos se evita la contaminación propia de las cloacas. Allí no hay abono suficiente que quite la mierda fosilizada de las hortalizas. En caso de que este plato vaya a ser recibido por más comensales, evite también cualquier tipo de disposición de micros por la sala. Le puede pasar factura y puede no ser del agrado. Por mucho que sea para un karaoke después de.

Para más inri, si este manjar culinario va a enfrentarse a otro plato en algún concurso, tenga cuidado en el debate con su contrincante. Las opiniones son libres pero, si la salsa sale cortada, ahí queda la prueba. Por supuesto, no tache gratuitamente a su contrincante de extremista, especialmente si usted está ahí gracias a los mismos. Y a los nazionalistas. Y a los... En fin. Intente aprovechar el tirón de estos últimos porque, en caso de que la comida se le haya quedado fría, siempre puede calentarla con el fuego de sus antorchas.

Pregunte al respetable qué opina de la comida servida y, después, dele al resultado un par de vueltas en la sartén. Pero, ¡ojo!, no se pase. Las encuestas sientan mal si están demasiado cocinadas. Un pipihierve y listo. Tanto como  sea suficiente para que resulten creíbles. Así seguro que están a su gusto. Aliñe el conjunto con un sazonado propio, nada de plagios. Y no tema rectificar el aderezo si no tiene la calidad suficiente. Tranquilo, que no pasará nada. Tan solo, procure hacerlo una vez que lo ha dicho. Puede que, si no, le llamen mentiroso.

A la hora de llegar al restaurante, aconséjele a los invitados que eviten posibles atascos de la entrada y opte por el Falcon o el Super Puma y apárquelo allá por donde no se vea demasiado. Por lo que pueda pasar. Nunca se sabe donde puede producirse un disgusto. Incluso en la luna.

En último lugar, una vez tenga a sus 84 comensales sentados y a sus 96 acompañantes esperando las sobras, acuérdese de un cordial recibimiento. Puede que, debido a las circunstancias, encaje bien una buena mariscada como aperitivo. Después de disfrutar del plato que ha preparado con tanto mimo en 130 minutos, sírvanse una copa de champagne. O de vodka, ya cada cual y, si todavía tiene ganas de más, acérquense al Don Ángelo a gastar la calderilla de las propinas. Seguro que allí consiguen el éxito garantizado.

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