Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Los seres inhumanos, falsos animalistas

14.07.2016 @juanromerafadon 3 minutos

Fallecía el pasado viernes el torero segoviano Víctor Barrio (1987-2016), a causa de una cornada mortal en Teruel. Al momento, las redes sociales se llenaban de mensajes de apoyo pero que se veían ensombrecidas por el odio y la repulsa de unos cuantos que no merecen el derecho a llamarse antitaurinos. Y digo derecho porque, como explicaba Ignacio Camacho en su artículo del lunes 11 en ABC, la corriente antitaurina era una expresión intelectual que merecía ser escuchada, interpretada y debatida, y que tenía a tan grandes embajadores como Unamuno o Pío Baroja. Grandes reflexiones sobre la repercusión ética de la tauromaquia fueron epicentro de casinos y cafés durante los años dorados del antitaurinismo. 

Lejos de querer englobar a aquellos que, dentro del respeto y la educación, se posicionan contrarios a la fiesta de los toros, me veo en la obligación de mostrar el más absoluto rechazo, repulsa y desprecio a aquellos que, en un hecho de radical cobardía, han acometido contra la dignidad del diestro fallecido, de sus familiares y amigos. Ya no se trata de hablar del segundo espectáculo de masas que se fundamenta sobre unas raíces culturales, económicas y ecológicas (no lo olviden) tan fuertes.

Esos mensajes de odio que, en un alarde absoluto de desprecio al respeto de una sociedad democrática, madura y educada, compartían tuits de alegría con la comunidad de Twitter y, en especial, con la viuda del joven torero fallecido, han sido motivo de vergüenza hacia el colectivo virtual. Esos seres han tenido que recurrir a las redes debido a su extrema cobardía y a que no son más que ratas, que viven protegidas por sus bilis de odio en las cavernas del subsuelo español. Jorge Bustos compara a tan despreciables seres con la sociedad del medievo que aplaudía los autos de fe de la Inquisición. No le quito razón. Pensábamos que la evolución nos haría libres de odio. Se ve que solo ha cambiado de bando y de enfoques. Jesús Nieto les llamó "infames seres humanos que se alegran de la muerte de un torero, y coleccionan almas negras". Tampoco se equivoca. En cambio, parece que Pedro Sánchez ayer no se acordó de dar las correspondientes condolencias a los familiares, aunque no ocurrió lo mismo con el Lebrijano. Puede que le de miedo relacionarse con el mundo del toro. Puede que incluso reniegue de Cela, Alberti o Lorca por haber sido taurinos. Retratado ha quedado.

No lo olviden señores antitaurinos intolerantes (aunque bueno, ¡qué digo!, no tienen la nobleza y dignidad suficiente de ser llamados ni señores, ni antitaurinos), esto no gira en torno a ver quién tiene más desprecio, quién puede ser más ruin y quién hace un despliegue más doloroso y dañino de los descerebrados y retorcidos pensamientos inhumanos.

No sería de justicia por mi parte acabar sin desear una larga vida a aquellas personas que han recurrido al odio como argumento y han derruido las estructuras sólidas de un debate social digno. Al mismo tiempo, deseo que sobre ellos recaiga el peso de la ley (esto no es libertad de expresión, no caigan en falacias). Gracias a la Fundación del Toro de Lidia por tomar cartas en el asunto y presentar a la Fiscalía la correspondiente demanda. Por supuesto, mi máximo respeto y admiración a aquellos que sí pueden lucir con orgullo el adjetivo de antitaurinos. En un ambiente de oscuridad, algunos rayos de luz han permitido ver los pésames y mensajes de apoyo de personas que se encuentran en las antípodas de la tauromaquia. Finalmente, como no podía ser de otra manera, las condolencias a los familiares, amigos y compañeros del diestro. Toda la dignidad del mundo para aquel que da la vida por el toro. Mis respetos.

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