Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Ni cuando veía la lucha libre me caía bien Trump

03.11.2016 @juanromerafadon 2 minutos

Todos pensábamos que Clint Eastwood era el único que le reía las gracias a Trump. Pero no estaba solo. Ayer mismo conocíamos como superaba en las encuestas a Hilary Clinton, y a menos de una semana para las elecciones. A Celia Villalobos esta idea le agrada, básicamente porque Donald es más fácil de pronunciar que "Hilaria" (text.) y así podrá ahorrarse ser TT de nuevo.

Trump es ese americano que causa antipatía nada más verle. Ni cuando era seguidor del wrestling me caía bien. Siempre deseaba que apareciera John Cena o que mi padre me pusiera Deportes Cuatro. Yo me imagino a Trump organizando el Putsch de la hamburguesería o de algo muy yankee, consiguiendo adeptos mientras amenaza con expulsar del país a sus adversarios y de hacerles un RKO. Seguro que sus aspiraciones surgen de un encuentro con los colegas que se fue de las manos: "Donald, ¿a que no hay huevos de ser presidente de los Estados Unidos?". Entre filetes y filetones, el magnate machistoide aceptó el reto. Y hasta el día de hoy. Algo muy gordo tuvo que poner en juego para seguir adelante después de tanto fango sobre el que se reboza. Pero claro, hablamos de un tipo que anda escaso de escrúpulos y sobrado de billetes.

Donald Trump me recuerda con ese flequillo a Boris Johnson pero después de haberse pasado el cepillo impregnado de colonia Nenuco. Con esa corbata de largo tan mal calculado y ese labio de puchero siempre en la cara. A mi me hace gracia cuando se mueve de manera robotizada; parece ese juguete que funciona a base de monedas. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Cuando escucho al tocayo del pato de Disney me entran ganas de ponerme un chándal bolivariano, dejarme un bigote revolucionario y gritar rimas reggetoneras con claras consignas antimperialistas, algo del estilo de: "¡Con mi patria no se meta, Venezuela se respeta!" a la vez que señalo unas cuantas casas y digo: "¡Exprópiese señor alcalde, exprópiese!".

Ir a un mitin de este señor es como pasar por esta semana; uno no sabe si sale santo o difunto, pero sin duda está seguro de que ese hombre da un miedo de cojones.

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