Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Panem et circenses

03.03.2016 @juanromerafadon 3 minutos

“El día en el que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en el que llegaba el obispo”. Le pido prestadas estas palabras al maestro colombiano Gabriel García Márquez para comenzar mi artículo. Y es que, salvando las distancias, el debate de investidura ha sido el eje central de la información en estos últimos días, como si de Crónica de una muerte anunciada habláramos.

Sánchez llegaba el martes al Congreso de los Diputados para sentar cátedra, y no por lo irrefutable que fuera su discurso, sino por la protección elocutiva de la que disponía.  Ave, Caesar, morituri te salutant, como si de un gladiador romano se tratase. Sí, así tendría que haber comenzado el candidato su discurso de investidura. Pero no, dejó de ser ese hombre bizarro y valiente que con suma audacia y honor había aceptado la dura enmienda de formar gobierno. Mas solo vimos la versión más descafeinada de Sánchez, la más light, la versión dulzona. Algunos diputados tuvieron que hacerse de inmediato con algunas dosis de insulina de lo empalagoso que resultaba la plática pseudosocialista. Parecía sacado del Candy Crush. No sabemos si se inspiró en el adictivo juego -pregúntenle a Celia Villalobos- para tal arrebato de buenismo (inexist.), pero sí que jugó un gran papel la mítica canción de Los Mismos, Será maravilloso; esa en la que con ayuda de un puente viajaban de Valencia hasta Mallorca. Pues en efecto, a eso mismo se dedicó, pasarelas a diestro y siniestro, brazos abiertos para todos y soluciones a medida a cada adversario ¿Ganas de trabajar o de conseguir un sillón?

Como recién sacado de El mago de Oz, intervino ayer un híbrido entre el Hombre de hojalata y el León cobarde; pero la falta de sensibilidad y de agallas se suplió con la ligera ironía con la que él mismo ha tratado la corrupción de su partido. Fina sutileza humorística, alguna que otra referencia a la RAE y a libros de historia… No daba para más Mariano Rajoy. Pero el Congreso pasó a ser el escenario perfecto para una performance casi esperpéntica, con un discurso revolucionado y revolucionario sellado con un puño en alto al más puro estilo 15-M, obra y gracia de Pablo Iglesias. Show must go on! Freddie Mercury se hizo presente. Tras la intervención de Doménech vino el beso con el líder de Podemos. Seguramente Pedro Sánchez sonrió tras ver que su discurso había conseguido enternecer el corazón de ambos. Quizá no lograría su ansiada investidura, pero la inbesidura (como se leía ayer en las redes) había triunfado.

Y mientras todo el bluf acontecía, Rivera se encarnaba en el nuevo Suárez e intentaba encontrar el eje que centrara semejante caos. Citas y venidas; autores, políticos, artistas… una defensa en toda regla de la cultura ¿cultura? Sí, esa que sigue al 21 % de IVA, paradojas de la vida… Y al igual que los juglares que recitaban los poemas en las plazas medievales, la lluvia de citas continuó, todo ello sin el correspondiente derecho a réplica a Churchill, tan mencionado durante la función… digo ¡la sesión! ¡Qué lapsus!

Dejando atrás toda esa palabrería llegó el No, la fumata nera, esperada como si fuera el primer escrutinio del cónclave. Pero eso ya daba lo mismo, el telón ya había caído, la obra había sido un éxito que se ve reflejado hoy en las portadas de los periódicos. Tendremos que esperar al viernes para ver nuevamente la “astracanada” de Muñoz Seca, que en este caso es de todos los españoles. Espero encontrarme con ustedes el jueves que viene, pasen buena semana, “ser felices” que diría el aspirante a presidente.

Fin de la cita.

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