Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Pedro fue un populista

01.12.2016 @juanromerafadon 3 minutos

Decía James Baldwin que la guerra terminaría si los muertos pudiesen regresar, y Sánchez es la excepción que cumple la norma. Sin guerra no hay muertos y sin Pedro no hay PSOE. El ex secretario general siempre fue un populista, o al menos quiso serlo. Su ambición cobró tanta fuerza como la de ocupar la Moncloa. Y ya se veía con su mujer pasando un fin de semana en el Ikea eligiendo cortinas. Apunto estuvo de lograrlo. Pedro cometió el error de intentar podemizar al PSOE. Ignacio Camacho lo contaba ayer en los encuentros ABC de Málaga. Pedro tenía un pacto cerrado con Podemos, Esquerra Republicana e incluso la abstención de la antigua Convergencia. Junto a ello, algún que otro apoyo incluido. Le faltaba el PNV. La llamada de un barón nacionalista a Urkullu, su último empujón para que la gente le llamara "presidente", fue el tropiezo que le hizo perder la carrera. El líder vasco dudó. Dudó de ser un cisma, una escisión secreta sin respaldos suficientes. No se equivocaba, Rubalcaba se lo confirmó. Esa misma noche de principios de octubre ya se estaban afilando los cuchillos en Ferraz. Fue un secreto a voces pero, como en esto de los cuernos, el condenado es el último en enterarse. A los tres día Felipe González confesaba a España su dolor por la traición. El resto ya es de sobra conocido. Ayer lo contaba mi compañero Pablo Merino en El Reverso con sumo acierto

En su afán de perseguir el sueño populista, que confundió con el americano, Pedro pecó de ingenuo. Viró hacia las soluciones fáciles adaptando la estrategia a sus convicciones, con ofertas ideológicas que pudieran ser respaldadas por La Gente©. Casi me atrevería a decir que hubiese firmado por un Unidos Podemos ser Socialistas. Y lo reconoció ante toda España en ese violento velatorio impuesto a la inversa. No hubo respetos ante el cadáver, sino rencor del amortajado. Pedro era ya un militante raso.

In facto, lo sigue siendo. El viernes pasado, coincidiendo con el fallecimiento de Fidel Castro (que no quiero decir que tenga nada que ver), Pedro reaparecía en Xiravella. Puño en alto e Internacional en la garganta, como queriendo mostrar los respetos al comandante, que seguro que ese no le hubiese apuñalado por la espalda. Fue un acto aislado de las órdenes del partido. La rebelión de las bases, podría haber dicho Orwell. Su análisis sigue siendo simple y su discurso ha cogido forma de asamblea de podemos., quiere añadir frases subordinadas en tuits de 140 caracteres, y ya sabemos que las redes sociales no son su fuerte. La realidad sigue siendo que Pedro está fuera, o que lo han echado, pero como decía Hemingway: "El hombre no está hecho para la derrota. Puede ser destruido, pero no derrotado". Quizá todo sea cosa de usar el adjetivo adecuado.

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