Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Por qué Twitter debería cerrar (o no)

23.03.2017 @juanromerafadon 3 minutos

Yo no he venido aquí a hablar de mis contradicciones porque entonces todo sería un perpetuo monólogo (que lo es). Les daré un dato para comenzar: el 60% de las visitas de mi columnas y reportajes proceden de esta red social que leen en el título. Grato favor el que me hace Jack Dorsey cada jueves. Pese a todo, me atrevo que a decir que Twitter debería cerrar. O al menos, plantearse algunas cosas. Y lo digo así, sin más conocimientos en materia que la superposición que me da escribir en un medio en el que pierdo dinero. Afortunadamente no soy el único. Publicaba El Independiente una noticia en la que explicaba que esta red social, pese a haber incrementado el número de usuarios un 75% desde 2013 (casi 350 millones actualmente), estaba en continua pérdida de dinero. Tan solo, los rumores de compra por parte de Facebook y Google, hicieron incrementar su valor. Solo de forma temporal. Desde 2014, el precio de las acciones ha caído en picado. En enero de hace tres años su valor era de 69 euros; a día de hoy, no llega a 15. Parece que las innovaciones han gustado a los usuarios (retransmisión del debate presidencial estadounidense, tarjetas de actualidad...), sin embargo no han dado los resultados deseados.

De puertas para adentro, Twitter se encuentra en una encrucijada de difícil resolución. La bifurcación oscila entre la venta o el cierre. La cuestión radica en la exterioridad de los problemas. Algunos usuarios no estamos a gusto con ciertos mensajes publicados en esta red social y pensamos que lo más sensato sería la censura. Antes de achacarme algún eslogan pegadizo relacionado con esto acompáñenme en esta explicación un poco más. No estoy haciendo uso de una censura propia de connotaciones políticas. Lo único que estoy pidiendo es un poco de respeto con la RAE. Sí, exacto. Ahí quería llegar. Esta semana ha sido dramática para aquellos que todavía guardan algo de amor por la sintaxis (no me doy por aludido) y la economía del lenguaje. O, más concretamente, con el ejercicio de escribir correctamente. ¡Ojo! Tampoco es pedir demasiado. Me refieron a dos tuits que han hecho arder los timelines de los que mantienen su lucha contra la incomprensión lectora.

El lunes despertábamos (los más rezagados) con esta joyita: "Hoy tenemos una sorpresa que compartir con todAOs vosotrAOs... ¡AtentAOs a las redes! (carita del revés)". Algún usuario seguidor de Susana Díaz mostraba en redes su apoyo incondicional y nos avisaba de un posible ataque terrorista virtual ¿no? En aquel despliegue desmesurado, aquel tuiterAO abría una caja de pandora que casi acaba con la vida de los catedráticos que ocupan la A mayúscula y la O en la Real Academia. Se había producido un anteado en la red que acabaría con varios heridos, un detenido y el ridículo abanderando las tendencias del día.

Pese a todo, el martes por la noche y sin tiempo para restablecer las pulsaciones cardíacas, volvíamos a encontrarnos un mensaje que saturaba nuestra capacidad de compresión. Quizá es que ese tuit solo estaba al alcance de los "pensólogos" más ilustrados. "No, punto. Nadie se va a enterar de un carajo, punto", rió Tania Sánchez antes de publicar el contenido que muy posiblemente contenga las claves de la parusía. Lo reconozco, es la sexta vez que lo leo y todavía tengo dudas. Este tipo de oraciones las ponía mi profesor cuando avisaba de que el examen iba a ser fácil "para los que habían estudiado mucho". Pues eso.

He ahí mi solución. Ya que aquí no ganamos nada, al menos que no lo perdamos. Espero que, irónicamente, Twitter tome medidas. Ya les decía al principio que debería cerrar. No iba en serio. Aprovechen todavía que pueden y denle a compartir.

 

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