Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Sálvense de la televisión

25.02.2016 @juanromerafadon 4 minutos

Discúlpenme si abordo el tema de hoy con demasiada descortesía por mi parte pero… ¡Cuánta razón tenía Marx al hablar con suma ironía sobre la televisión! Mi objetivo no es que entren en colapso al descubrir la imposibilidad temporal que supone relacionar a Marx con la caja boba, claro es que en este caso no me estoy refiriendo al barbudo intelectual prusiano, sino a otro intelectual (permítaseme el calificativo) del mundo del cine; y es que Groucho no pudo estar más acertado cuando dijo: “Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”. Aquella frase, que junto con la solera van añadiendo cierta perennidad, pasa a formar parte de nuestra historia.

Atrás han quedado aquellos documentales (véase La tierra y el hombre) que acompañábamos de distintas formas; por un lado, aquellos que caían rendidos al esfuerzo intelectual y decidían refugiarse en la siesta; por otra parte, los que de manera expectante acompañábamos al chorlitejo común en su huida de las garras del águila real por la geografía española. Y es que Félix Rodríguez de la Fuente tuvo mucho que ver en que los españoles comenzásemos a amar la cetrería, algunos incluso después de que nos dejara en 1980, gracias al papel que han desempañado los casetes (para la generación del 2000 consúltese en RAE). Pero lejos de los reportajes naturalistas, vemos cómo las tertulias políticas son el nuevo documentalismo español. Estas se concentran en unas pocas cadenas televisivas a lo que le sumamos que todas coinciden en horario, impidiéndose el contraste ideológico entre posturas y canales. En definitiva, el único nudo de conciencia social es más bien un ovillo enredado.

Pero vayamos a lo realmente serio ¡¿A quién carajo le importa esto?! Los debates (políticos) son un aburrimiento. Ver a unas cuantas personas discutiendo y argumentando lo mal que lo hacen los políticos es el antecedente a coger una aspirina, irte a la cama e intentar olvidar esa ráfaga de intervenciones en la que lo último de lo que te enteras es de qué propone cada uno. Si escogemos la otra opción a lo sumo abreviamos el proceso de levantarte y coger una pastilla ya que el efecto somnoliento nos deja K.O a los pocos minutos. Tenemos que buscar otros contenidos que nos “salven” del erudito hastío de dicha programación.

Existe un lugar dentro de la caja boba, entre La Sexta y Cuatro, que sirve de protección a los grandes contenidos culturales de nuestro momento ¡Aleluya! La Fábrica de la Tele logró crear en 2009 ese producto que tanta falta hacía en el panorama televisivo: Sálvame. El carácter visionario del nombre puede alcanzar niveles insospechados: sálvame del aburrimiento, sálvame de la política, sálvame de la cultura, sálvame… El acompañante lo dejo a su libre elección, ustedes eligen de qué quieren que les salve. Pero qué podemos esperar si los pactos han dejado de realizarse en el Congreso de los Diputados y el presidente ya no tiene que ocupar la Moncloa. Es más, no tiene ni que ser presidente, le basta con ser tronista y si nos ponemos simplones podríamos decir incluso que le sobra con ir al gimnasio. Luego por supuesto esta la ardua labor de hacer bolos en las discotecas, pero eso merecería otro comentario. Por suerte los plenos en la Cámara Baja son cada vez menos seguidos ¿A quién le importa la atribución básica que se realiza de los presupuestos generales del Estado? Habría que cambiar los temas de esas sesiones, escoger asuntos de mayor importancia y actualidad, con más implicación social, por ejemplo: quién debe regresar a la casa de GH VIP ¿Fran Nicolás o Javier Tudela? Seguro que a muchos les sería más ameno cenar con “El pequeño Nicolás” que con Mariano Rajoy.

No tenemos de que preocuparos, nuestras conciencias estarán tranquilas mientras pintemos la corrupción, pobreza, paro y desigualdad de rosa (y si lo decoramos con corazones de prensa mejor que mejor). Seguramente (y por volver al principio), Karl hubiera seguido en su lucha para acabar con la disparidad pero en su obra hubiera habido sitio para una cita nueva: “La televisión (la mala) es el nuevo opio del pueblo”. ¡Feliz jueves! Hasta la semana que viene.

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