Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Un selfie por amor

31.03.2016 @juanromerafadon 3 minutos

En la guerra y en el amor todo vale. Este viejo dicho, al que recurrimos en más ocasiones que las sentimentales y las bélicas, es una reproducción exacta de lo que somos capaces de hacer por amor. Sí, esa pasión que mueve montañas –o al menos eso dicen– y que actúa como guía de los caminos de muchos. Esa pasión que le da nombre a un peñón en Málaga –Peña de los enamorados– porque, según cuenta la leyenda, fue tanto lo que unía a un cristiano y a una princesa mora que ante el miedo de vivir separados tomaron la decisión de arrojarse al vacío. Por amor se hacen locuras, eso lo sabemos desde siempre: el puenting, lanzarse en paracaídas al vacío, regalos valorados en sumas de dinero que a más de uno nos dejaría petrificados… Podríamos decir que lo “normal”, a lo que estamos acostumbrados.

Pero el pasado martes esas fronteras se cruzaron de manera estrepitosa. Tal fue el percance que se nos heló la sangre. Un avión egipcio secuestrado, con rehenes, parado en la isla de Chipre. Mas cuando todo apuntaba a que la cosa iba a acabar en tragedia, los acontecimientos tomaron un rumbo insospechado hasta el momento. Resulta que el responsable de lo sucedido es un hombre que, debido a las dificultades, llevaba 24 años sin ver a su ex-mujer y a sus hijos. Parece que los cabos empezaban a unirse ¿Quién no se ha replanteado nunca retener un avión con un cinturón falso de explosivos por amor? Ironías aparte; tras el mal rato de los pasajeros y la tripulación, todo quedó en un susto.

Pero… ¡un momento! ¿Mal rato? Después del sobresalto inicial las cosas comenzaron a calmarse y algunos viajeros tuvieron el valor (quasi josetomasista) de atreverse a hablar con él. Puede que alguno se creyera Russel Crowe en Prueba de vida y quisiera reencarnar al negociador de la película. Otro quizá necesitara aliviar tensiones. Incluso el morbo de la tragicus status les llevase a conversar con alguien que está a punto de hacer volar todo por los aires. El morbo. ¡Bingo! Ese morbo que transforma el instinto de supervivencia en un hedonismo egocentrista. El querer ser el niño en el bautizo y el muerto en el entierro. Ansia viva de protagonismo. O tan solo inmortalizar ese momento como si de tu boda se tratase. Sin lugar a duda un pasajero quiso recoger ese recuerdo que podría ser que fuese el último. A lo que vamos, hacerse una fotografía con un hombre que –según lo que se ve– va cargado de explosivos.

Es verdad que ese selfie sirvió para demostrar lo inocuo que realmente era eso, pero sin lugar a dudas la frivolidad logró superar al miedo. Aunque, si nos paramos a pensarlo, lo que realmente batió records fue el número de likes en Instagram y Facebook. Y es que el amor no entiende de situaciones y menos de personas. El YO y el ÉL, una pareja perfecta, un fan y su actor favorito que en la película era el protagonista. En definitiva, y no me extiendo, la pasión desenfrenada de las fotografías de uno mismo. Pasen buena semana, espero volver a  reencontrarme con ustedes, feliz jueves.

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