Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Ya está todo dicho

24.11.2016 @juanromerafadon 3 minutos

Rita Barberá fue condenada a muerte en un juicio mediático sin garantías constitucionales. Ni presunción de inocencia ni abogado ante las cámaras y las letras acusadoras. Esa oscilación de verdades que han bailado por la atmósfera igual que aquella que volviera cuatrilingüe a más de uno y más de doce. Los del patíbulo; pasados a cuchillo y salvados por el cine. No del mismo modo que aquellos tres pobres diablos en Senderos de gloria. Despertados a conciencia para ver venir las balas que les llevarían al otro barrio. Algo así le pasó a Rita. De nada sirve conjeturizar en su culpabilidad porque ya nada se puede decir. Lo único que no se puede dar dos veces es la vida; con ella acarrea uno para siempre hasta el momento de darla de vuelta. A partir de ahí solo queda el respeto; a la personal siempre. Al político preferiblemente también . Un respeto que se ha politizado y se ha utilizado como arma arrojadiza por todos. Los que renegaban de ella se rasgaban las vestiduras. Cosa lógica si hablamos en términos humanos. Lo que contradice es que beatifiquen su figura política tras mandarla al grupo mixto. Renegando tres veces. Total, al final sabemos que más de uno acabara como San Pedro. Pero no todo el achaque de hipocresía corría a cargo de algunos del PP. Estos dos, que cada día se tocan más en el inicio y final de la circunferencia, han pecado de derroche demagógico a diestro y siniestro. Me acuerdo de cuando los 70 se pusieron en pie, muy formales y muy poco arreglados, cada uno con su foto se Andrés Bódalo. Un preso político sin la menor duda. Todo el mundo sabe que eso de los puñetazos es la nueva nueva política. ¿O sólo la política que quieren hacer unos?

La cuestión de todo esto radica en la manera de tratar el asunto. El debido respeto que se ha mantenido al dar las condolencias a la familia difiere absolutamente de un gesto que, pudieron estar razonado, ha sido innecesario. De nada sirve abandonar el Congreso para guardar un minuto de silencio a no ser que quieras ser portada al día siguiente. De nada sirve abandonar el Congreso si tus compañeros de la cámara alta se mantienen en el acto de recuerdo. De nada sirve abandonar el Congreso rechazando cualquier "homenaje" cuando el mayor derrotero del antibarberismo, Compromís, se ha mantenido al pie del cañón junto con otro que tampoco suele dejar indiferente a nadie, Esquerra Republicana. Y tampoco sirve de nada sesgar de esa manera los minutos de silencio como si fuera tiempo de descuento (¿¿con una senadora sí y con un diputado no?) porque no se quitan de la nómina. Para que se lo hagan de mirar algunos.

Pero lejos de la anécdota, siempre triste por el fallecimiento de una persona, hemos visto un ejercicio de humanidad que se echaba de menos. No ha habido colores en transmitir las condolencias a los familiares de alguien que en los últimos meses se había convertido en alguien tan polémico. Se quedan en el timeline tuits que honrarán a sus autores y complacerá a aquellos que buscan la solidaridad en el ser humano. Llamazares pedía no ser como aquellos a los que critican, mientras que Madina lo resumía en respeto. No es mi objetivo beatificar a Barberá, no hay motivos para ello. Tampoco habrá motivos para decir con contundencia lo que sí o lo que no era. Ya dirán los de arriba. "Todo lo que había que decir se lo dijimos ya". Sí. La frase que mejor lo resume podría ser la de Rufián. Descanse en paz.

Etiquetas, , , ,
Artículo anterior Artículo siguiente