Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Ya las calles se engalanan

17.03.2016 @juanromerafadon 4 minutos

No había acabado la primera semana de enero cuando ya andábamos recogiendo las guirnaldas y los árboles de Navidad. Nuestras calles y casas se habían convertido por unos días en pueblecitos nórdicos nevados en los que se sirve chocolate caliente acompañado de un “¡Oh-oh-oh!”. Los papeles que habían envuelto los regalos –esos que nos encontramos en la mañana del 6 al lado de nuestros zapatos—ya estaban en la basura. Las tiendas comenzaban con las devoluciones de tallas de camisas, zapatos… la Navidad había acabado. Por unos días olvidábamos que no había gobierno, que el paro superaba el 20 %... pero tocaba volver a la rutina. Esa rutina constituida por casos de corrupción y edificada sobre unos cimientos que se tambalean más que cualquier debate de investidura ocurrido durante estos tres meses.

Es indiscutible que las vacaciones siempre sientan bien ¿a quién no le apetece volver a desconectar de dicho melodrama con más enredo que la mítica Rayuela de Cortázar? Este es precisamente el valor añadido que se suma al break de Semana Santa, muy cercano, por cierto. Y es que este punto de inflexión tiene valores apreciativos muy diferentes: para los universitarios es el momento idóneo para recuperar fuerzas, tomar impulso e intentar llegar lo más fresco posible a la recta final; para los trabajadores es una nueva oportunidad de evasión del demacrado ecosistema, y para los más pequeños supone noches de nervios ante la incertidumbre de las calificaciones obtenidas en las asignaturas (no hay que preocuparse –demasiado-, todavía queda un trimestre potente). Pero sin lugar a dudas, es el placer de viajar en unas fechas tan señaladas lo que une a todos estos pequeños grupos.

La Semana Santa es el momento perfecto para una escapada breve pero intensa que, junto al limbo meteorológico, amplía el marco de posibilidades a la hora de elegir nuestro destino. Quizá este año haya que descartar las zonas costeras, la lluvia amenaza con estar presente en los próximos días. Refugiarse en una cabaña en la montaña rodeado de nieve no parece una mala opción, salvo que caigamos en la cuenta de que no hay nieve en la mayoría de puertos. ¡Harto dilema! Si me lo permiten, yo les recomendaría que fueran partícipe de la tradición propia del momento: los desfiles procesionales y las estaciones de penitencia. Existe la posibilidad de que usted no sea creyente, o no le guste el folclore de las cofradías y hermandades andaluzas, incluso puede que ambas le definan; no se preocupe por esto. Parta de inmediato a Castilla-León, la sobriedad y austeridad de los pasos castellanos forman un paradigma dieciochesco gracias a las capas, capirotes, tambores, y silencios. Junto a ello podrá apreciar el arte sacro en su máximo exponente: desde el clasicismo de Juan de Juni, pasando por Bernardo del Rincón o Francisco Díaz de Tudanca. El recogimiento (sumado al típico frío) puede que le acerque a la reflexión más personal.

En cambio, si lo que usted prefiere es reencontrase con el pueblo andaluz no tenga reparo en visitar cualquiera de las ocho provincias. Verá como en los balcones de las calles principales (véase Sierpes, Campana, Feria o Larios) ya se cuelgan los faldones rojos y más temprano que tarde lo harán las palmas que pasearán niños y mayores el Domingo de Ramos. Verá también como las calles se llenan de ese humo tan típico que huele a canela, romero, vainilla, a recuerdos… Es muy probable que el paso se dificulte por las incómodas tribunas y sillas. No se enfade. Aproveche y vea pasar en esos puntos “claves” a las hermandades que más le guste o que le hayan recomendado. Intente encontrar en los pasos y tronos aquellos detalles artísticos que componen el barroco andaluz: Gijón, Juan de Mesa, Roldán… Pida una escalera (no para subir a un madero que diría Machado) y escoja los mejores encuadres para cazar en su cámara aquellas instantáneas que le permitan acordarse para siempre de lo que está viviendo. En definitiva, descubra la Semana Santa en sus distintas vertientes. Espero encontrarme con ustedes la semana que viene, que será Jueves Santo; los no cofrades quédense tranquilos que en principio no volveré a hablar de las hermandades. Mientras tanto que pasen un buen día y disfruten de las merecidas vacaciones.

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