Columnismo

Fantasmas en el confesionario

Zygmunt Bauman: pensador, sociólogo, humanista

11.01.2017 @juanromerafadon 3 minutos

Murió Zygmunt Bauman (1925-2017). Y murió de mayor, de cansancio, de fracaso y de éxito. Bauman era el judío errante de la leyenda hebrea protagonista sempiterno de la obra homónima de César Vidal y ser encarnado en cuerpo y alma de la historia veintichesca del pueblo de Israel. Polaco y educado bajo los chancletazos de la madre patria, enseñadora de delirios y castigos irracionales. El fracaso como humanidad constatado bajo las carnes de un signo. ¡Y sin ser religioso! "O estás conmigo, o estás contra mí". El Estado nazi era el enemigo; la URSS comunista el aliado. Y de ahí al Ejército rojo, a la vuelta de los orígenes varsovianos para acabar refugiándose en Inglaterra tras el pogromo de Polonia. Hasta el lunes pasado.

Zygmunt Bauman era Schopenhauer en formas pero un poco más entrañable. Sin esa cara de malhumorado pesimista. Era el prototipo de pensador idealizado por la corriente alemana. Esa entrada imperiosa estaba siempre protegida por la larga melena canosa hemisférica y revuelta, una viva metáfora recogida en su retrato inconfundible. "La juventud es el momento para dejarse el pelo largo", y uno nunca deja de ser joven. Aunque no tengas más remedio que peinarte por los lados. Yo no tengo más remedio que ser fiel a un hombre que decía las cosas con voz suave y firme."No hace falta gritar para pedir que se recuperen los derechos", dijo Juan Carlos Monedero eludiendo a un mítico político izquierdista. Bauman saboreaba las respuestas mientras preparaba la siguiente dándole caladas a una pipa de madera. ¡Y en pleno siglo XXI! Cualquiera diría que es producto del romanticismo, pero tan solo llegó a ser alma mater del postmodernismo actual. Tan solo...

“La cultura de la modernidad líquida ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir”

Su verdadero mérito fue ser humanista y humano. Bauman fue un pensador de izquierdas comprometido con la lucha del momento. Un revisionista capaz de entender el peligro del auge de los liberalismos de Reagan y Tatcher, la meritocracia exigida a día de hoy origen de un 15-M internacional y del desequilibrio social que suponen las redes sociales. Los pilares se tambalean y el presente es tan sólo la "modernidad líquida". En este nuevo bloque, el recipiente es el "precariado" y el que lo mantiene "el activismo de sofá", de tuits y de camiseta del Ché. Estuvo con los que entendía que habían perdido la guerra de nuestro tiempo: la crisis. Y así, con el ritmo de la industria cultural y la calidad de la literatura de culto, enfocó todas las miradas de culpa a la desigual distribución de las riquezas.

Hace 7 años recibió el premio Príncipe de Asturias de las Humanidad y la Comunicación. En su discurso de agradecimiento dijo: "Don Quijote no fue conquistador, fue conquistado. Pero en su derrota, tal como nos enseñó Cervantes, demostró que «la única cosa que nos queda frente a esa ineludible derrota que se llama vida es intentar comprenderla»". Mi derrota quizá fue admirar a Bauman una vez fallecido.

 

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