Columnismo

La gran mentira

«¡Habemus pacto!»

27.02.2016 @adrivazquezr 3 minutos

Decía Juan Pablo II algo así como que "el hombre no puede vivir sin amor. Su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no lo experimenta y lo hace propio". Y, aunque no quisiera yo contradecirle ni tener mal karma; los pactos en este país, la mortalidad de Jordi Hurtado y el amor son una total y completa tomadura de pelo. Ya sea escrito del derecho o del revés, justificado o no.

Aún así, hay quienes siguiendo tus palabras continúan buscando el amor. La novedad ahora, querido Juan Pablo, es el llamado "Speed Dating". Se trata de un sistema de multicitas con desconocidos en el que cada 7 minutos se rota de pareja intentado encontrar la definitiva al final de la noche. En España, la política llevaba meses enfrascada en dicho sistema hasta que parecía que, por fin, Pedro había encontrado a su Heidi. Eso sí, más barbuda, con el pelo más largo y  recogido en una coleta aunque igual de casta y desaliñada. Entonces llegó Clara, el equivalente a la chica guapa nueva de clase que, para colmo, era lista ¡qué coraje! Y, claro, del amor al odio hay un paso y del odio al amor... un sillón presidencial.

Ahí está el problema. El concepto es básico (léase a cámara lenta): uno no puede decir que no saldrá con alguien antes y durante la campaña; y luego intentar montar una boda en Las Vegas sin avisar ni a familiares ni amigos.

¡Hagamos las cosas bien! Vamos a dejarnos de parejas con falta de química y de Triángulos amorosos en los que todos se han bajado ya las Bermudas. Pero, sobre todo, olvidémonos de pactos espontáneos que, pese a ser más que lo que otros han conseguido y no ser del todo desacertados -la verdad-, si son contrarios a todo lo afirmado antes de las elecciones. ¿Y si las repetimos? Quiero decir, el fin del mundo pasó en 2012 y los aztecas no decían nada del 2016, ¿no? Así que quizá no sea tan mala idea, no ahora que tenemos todas las cartas sobre la mesa, ahora que conocemos lo que quiere la mayoría, ahora que sabemos quienes en algún momento han estado dispuestos a (a)liarse. A partir de ahí sí podremos hablar de votos más reales y programas de gobierno que vayan más allá de una hoja de ruta para España.

Utópico, lo sé. Igual tú, Juan Pablo, podrías echarnos una mano y agilizar esto un poco -antes de que Bruselas nos dé otro tirón de orejas a ser posible-. Pero si ves que andas muy liado con tus cosas allí arriba, yo aquí abajo por el momento me conformo con un gran pacto para una reforma del sistema educativo español porque, señores,  dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos cuarenta, y noventa ciento setenta y seis. ¿No era así?

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