Columnismo

La gran mentira

La Isla de Barro

12.03.2016 @adrivazquezr 4 minutos

Ahora que "viaje" y "gratuito" se derriten en tu boca como los caramelos en las bocas de los niños llenas de caries y algo de tierra de parque, tu atención es toda mía. Sí, señor. Así que me confieso, yo de niña siempre había querido ser una chica de alturas: astronauta, estrella del rock, piloto de caza, trapecista, vicepresidenta del gobierno o mujer del increíble hombre bala, ¡que sé yo! Pero aquí me tienes, recién estrenada como azafata de vuelo frustrada. ¡Así que al lío!

Buenos días/tardes/noches. Sres. Pasajeros, el Comandante Demófilo Peláez y la tripulación, en nombre de la aerolínea, les damos la bienvenida a bordo de este avión con destino Isla de Barro. Por favor, abróchense los cinturones de seguridad, pongan el respaldo de su asiento en posición vertical y plieguen sus mesitas. Les recordamos que, a no ser que nos acompañe Melendi o un Inda que olvidó sus pastillas para dormir, está prohibido fumar en todos los vuelos de esta aerolínea. Deberán apagar todos los dispositivos electrónicos durante el despegue y aterrizaje de la nave. Gracias.

Para cualquier información sobre chalecos salvavidas, máscaras de oxígeno y localización de salidas de emergencia no duden en comunicármelo y procederé a hacer los "bailoteos" y aspavientos pertinentes mientras fingen atención, claro. Sin embargo, prefiero malgastar mi tiempo en describirles la maravillosa, alegre y vivaracha Isla de Barro. Hasta hace poco se trataba de un campamento para refugiados sirios situado en Idomeni, frontera con Macedonia, pero ahora las lluvias torrenciales lo han convertido en una isla enfangada ¿Y quién no ha querido tener su propia isla griega? Diecinueve mil refugiados, de los cuales cuatro mil son niños, contestarían que lo único que querían tener cuando huyeron de su país era una vida a salvo y no una isla griega. Para ello han tenido que dejarlo todo atrás  y aprender a nadar a contracorriente frente olas que parecían implacables, aunque no tanto como las autoridades que les esperaban al postrar sus pies sobre tierra firme. Tierra firme que dejó de serlo aún más al convertirse en barro.

Si miran por la ventanilla podrán divisarla con claridad - a los que les haya tocado pasillo les alegrará saber que por razones superficiales hemos cambiado las bolsas de papel por palos "selfies"-. Lo sé, de primeras no parece un lugar paradisíaco y de segundas tampoco lo es. ¿Qué esperabais ? Dije claramente "viaje gratuito". Así que como podréis ver, no, no tenemos hoteles de lujo ni siquiera hostales, de hecho, lo más parecido que vais a encontrar son un par de carpas, unas tiendas de campaña inundadas, otras tantas recién compradas por el triple de su precio real y gente fuera de estas durmiendo con mantas térmicas. Pero no os desaniméis, ¡tenemos piscinas! Eso y mucho frío. No os recomiendo que os bañéis. Los servicios sanitarios son insuficientes. Aunque por los alimentarios no os preocupéis, son suficientes, pero para unos pocos y después de más de un puñetazo de por medio. En cuanto a los derechos humanos aquí los refugiados de los que os hablaba no tienen de eso. Hay quienes batallan por ellos en su nombre mientras que estos están ocupados luchando por sus vidas, por las de los suyos. Luchando contra el recuerdo de aquellos que las perdieron en el camino y el recuerdo de todo lo sufrido para llegar hasta donde están. Y como si la mochila que llevan a cuestas pesase poco, aún quedan fuerzas para ir de frente contra el miedo que provoca tanta incertidumbre.

Pese a todo ello estoy segura de que os convencerá definitivamente -siempre lo hace- saber que tenemos fútbol. Fútbol de verdad, el de los toques. En Europa, nuestros mejores jugadores lo llaman crisis de "balones", la cual se fundamenta en el pase de balón de tejado en tejado y chute porque, por cercanía, me ha tocado. Yo entiendo que es el partido más difícil que nos ha tocado jugar desde la Segunda Guerra Mundial. Entiendo que nos faltan medios, comunicación y hasta un milagro reencarnado en Zinedine Zidane que nos enseñe a no poner parches a costa de una solidaria y nada interesada Turquía. Pero no entiendo tantos meses de prórroga, tanta ineficacia por parte de la ONU y tanta demora en la elaboración de un programa que coordine a todos los países en la gestión de los refugiados. La gestión de una crisis que afecta a nivel mundial, no solo europeo . «¡Árbitro, el tiempo!».

Hablando de tiempo, el suyo se ha acabado. Sres. Pasajeros, bienvenidos al aeropuerto de Isla de Barro. Por favor, permanezcan sentados con el cinturón de seguridad abrochado hasta la completa parada de motores del avión y las señales luminosas se hayan apagado. Les rogamos precaución al abrir los compartimentos superiores y comprueben que llevan consigo todo su equipaje de mano y objetos personales porque probablemente les hagan falta. En nombre de la aerolínea, el Comandante Demófilo Peláez y toda la tripulación, nos despedimos de ustedes esperando que el vuelo haya sido satisfactorio. Además hemos de informarles que la salida de mañana ha sido cancelada por los "controladores", así que sin más dilación, disfruten de su estancia en tan maravilloso, alegre y vivaracho lugar.

 

La compañía no se hace cargo de ninguna mercancía una vez haya sido depositada en su destino, ni la compañía ni nadie. Buena suerte.

 

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