Columnismo

La gran mentira

"Lugares soleados para gente sombría"

09.04.2016 @adrivazquezr 2 minutos

Hasta ahora lo tenía claro: toda aquella persona que se porte bien o que al menos lo disimule igual de bien que Ylenia su superdotación intelectual, cuando muera tendrá derecho a su trozo de paraíso. Fácil.

Cada religión establece el suyo propio. El cristianismo nos presenta el Cielo, algo aburrido, sin "salseo" de ningún tipo. Al Islam, sin embargo, se le fue de las manos el diseño de ese utópico lugar: cuando uno de sus creyentes muere a este le esperan nada más y nada menos que 72 vírgenes -las suficientes para maniatarlo a una silla, robarle la VISA Oro y arruinarle de compras en una sola tarde-. Por su parte, el budismo y el hinduismo encaminan el paraíso hacia la reencarnación, así que yo puestos a elegir me reencarnaría en un gato, uno triste y azul. A fin de cuentas los gatos no tienen que declarar a Hacienda sus sardinas, ¿no?

Pasado el tiempo descubrí que para ir al paraíso uno no necesita haberla "palmado". Hay sitios terrenales que se han ganado a pulso esa denominación, basta con pasearte por las playas de Panamá para que acabes dándome la razón y exhalando aquello de «¡Várga(s)me Dios, qué vistas!» Aunque lo cierto es que se ha corrido tanto la voz que hay una amplia lista de nombres -miles- en espera para dar esos paseos. Los hay que pese a ser mayorcitos se entretienen en hacer castillos de arena -algo a lo que el despacho panameño Mossack Fonseca denomina sociedades "offshore"-,  en jugar a algún deporte como el fútbol o en leer algún buen libro a la sombra que el sol aprieta y tarde o temprano uno se acaba quemando. Acaba poniéndosele la cara roja.

¡No os desesperéis! Hasta mayo seguirá habiendo un caos de papeles en Panamá y aún está por verse quien va definitivamente. Hay algunos que se apuntaron Pa(ga)námá', más tiempo de relax, de sol y de playa. Más tiempo que, al fin y al cabo, es lo que vale su peso en oro y lo que nos interesa. Aunque me da que van a pasar más tiempo en juzgados que en las paradisíacas playas de Panamá. Toda una suerte para los rezagados que nos apuntamos en lista viendo el filón, viendo que la igualdad fiscal y la persecución del fraude sigue siendo cuestión de retórica internacional.

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