Columnismo

La gran mentira

No te rías de este señor

07.06.2016 @adrivazquezr 3 minutos

Picasso llegó para jodernos la vida a todos. Con su cubismo, sus formas imposibles y rocambolescas que llegaron a rozar el surrealismo . El cabrón conseguía dejarnos con cada creación más confusos cuando creíamos haberlo visto todo. Y cuando por fin nos deshacemos de él, ¡boom!, llega Moragas con una nueva versión del himno del PP. Latina, ojo.

El director de campaña del PP declaraba en la presentación  esta brutal estrategia con la que ganarían la escalofriante cifra de 0 votos de más. Confesó que estuvieron dudando entre el reggaeton y el merengue. Y de forma ipso facta y simultánea  toda mi generación comenzó a sentir un fuerte dolor en el brazo izquierdo, el de los infartos. La simple idea de escuchar la versión en reggaeton aterrorizaba. Entonces pensé en Obama cuando le preguntaron qué haría si sus hijas quisieran hacerse un tatuaje. Él respondió que él y su mujer se harían otro igual y así perdería la gracia. Fue en ese momento cuando me di cuenta que el PP había perdido una oportunidad única de librarnos del reggaeton. Amén. Pero prefirieron el merengue. Así que yo olvidé la imagen discotequera en la que las faldicortas de Umbral las llevaban aún más "recortadas". Olvidé a los borrachos poniendo el doble de difícil entenderles entre tanto balbuceo y frase sin sentido. Y olvidé -con gusto- a Kiko Rivera pinchando el hit pepero del verano.

Moragas fue más allá. Tan orgulloso estaba de su obra merengue que hizo que sonara allí mismo  frente a los intentos de disimulo de los periodistas. Entonces pensé en las avestruces cuando esconden la cabeza bajo tierra como mecanismo de protección. Una analogía perfecta. Sin embargo, pillé a una que sonreía conteniendo la risa. Sonreí yo también. Mierda. Me recordó a mí de pequeña con mi madre cuando nos cruzábamos con el loco del pueblo. Yo intentaba no reírme. Mi madre me tiraba de la chaqueta y me regañaba susurrándome como si de un secreto se tratase: "no te rías de este señor que el pobre no está bien". Y me pareció un paralelismo aún más perfecto, si cabe.

A decir verdad, no tenía ni idea de cómo baila uno merengue. A mi está palabra me suena a circo, a payaso buscando cara donde estampar un buen tortazo. Pero al parecer, es un baile de lo más fogoso -muy característico tanto de asilos y como de "afters"en nuestro país-  y en pareja. Entonces yo me imaginé a los candidatos a la presidencia buscando su pareja de baile ideal. Pedro andaría de capa caída, aquella situación le habría sobrepasado y "sorpasado" a partes iguales. Albert sudaría la gota gorda intentado escapar de todas sus candidatas. Mientras Pablo se soltaría la melena pero no arrimaría ni posturas ni cebolleta con Rajoy. Para eso ya tenía a Garzón. Y Mariano. El pobre de Mariano acabaría bailando solo de nuevo. Sonriendo incrédulo, sin entender que para bailar tu propio himno merengue -está vez sí- necesitas acompañante.

Sin comprender que si lo más urgente que el PP tenía que cambiar era el  himno para ganar adeptos, no se había enterado de nada. Pese a que a mí la idea de ver al bueno de Mariano bailando al ritmo latino,  con un séquito de señoras mayores enredadas en collares de perla kilométricos, me parecía casi un sueño hecho realidad. El remix, algo solo al alcance de los dioses.

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