Columnismo

La gran mentira

No toques

11.10.2016 @adrivazquezr 3 minutos

A ver cómo te escribo y a ver cómo me lees. Que tú eres muy de echarte el bidón de gasolina a la cabeza y yo soy muy de llevar siempre cerillas encima. Que tú eres muy de hacer tuyas todas las batallas, aún cuando ni siquiera existen, y yo soy muy de contar lo vivido por delante lo generalizado. Que, entre tú y yo, to' la culpa no era del reggaeton.

Viernes de discoteca petada, reventada y, en ocasiones -muchas-, asfixiada. El reggaeton pasaría a ser la banda sonora de nuestras vidas esa noche. Yo había leído por ahí que está comprobado, según un estudio de la Universidad de Bamako (Malí), que el reggaeton nos hace más tontos. En concreto, decía que quienes escuchan  este tipo de música era, de promedio, un 20% menos inteligente que aquellos que escuchan al mismísimo Beethoven. A mí esto me parecía una idiotez pero terminada la noche to' la culpa era del reggaeton. Comportamientos solo explicables a causa de esta fuga de neuronas. Por ejemplo, ¿qué lleva un desconocido a entender un baile -cualquiera que sea que para eso, además de mayorcitos, somos libres-, un baile de tres con tus amigas como una invitación a refregar cebolleta por detrás? O,  ¿qué lleva a otros 6 completos desconocidos a pensar que si cuando pasas a su lado te tocan/agarran un poco del pelo o la cintura  tú te volverás extasiada y dispuesta a comerles la boca? En serio, ya por curiosidad, ¿qué se espera de esas situaciones?

Hubo una que terminó de cabrearme. Un lumbreras me propuso bailar. Hasta ahí ni bien ni mal. El problema vendría ante mi negativa de siesa libre, cuando se le ocurrió la brillante idea cogerme de los brazos, zarandearlos y tirar de ellos hacia él mientras proseguía con su insistencia. No toques. ¿Por qué tocas? Yo no te toco a ti, ergo tú te lo ahorras y aquí paz y después gloria -en mi caso después chupitos-. Resultado: leve empujón y,de nuevo, la libertad, la mía. Me gritó sosa entre risas con los colegas. Gilipollas, podría haberme tenido en la palma de su mano si en vez de eso hubiera gritado "famoso, soy famoso". O al menos eso parece. Este extraño efecto en las mujeres lo explicaba hace poco Donald Trump, experto en rascismo, homofobia, incitación al odio y, de ahora en adelante, en mujeres. Y es que, hace unos días, 'The Washington Post' publicaba vídeos de 2005 en los que el candidato republicano hacía -en privado, todo hay que decirlo- comentarios lascivos sobre las mujeres y comentaba "cuando eres una estrella, te dejan hacer. Puedes hacerles lo que quieras. Las puedes coger por el coño, hacer lo que quieras".

Cabía la posibilidad de que estas afirmaciones no fueran más que el fruto de una sobrexposición al reggaeton. Pero igual Donald no lo escucha mucho por eso de su animadversión por los latinos y tal. To' la culpa no era del reggaeton. Así que también estaba la opción de que simplemente fuera otro lumbreras, con la diferencia de que este aspira a habitar la Casa Blanca. Y allí son más de Beethoven.

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