Columnismo

La gran mentira

Pepita

04.10.2016 @adrivazquezr 2 minutos

Ella le dice que le coma, que no le come nada. Él que al próximo beso no le separa ni Perriman. Silencio. Ella se levanta de la mesa muy dispuesta y le da un cariñoso beso en los labios. Paz. "Me vas a dejar en cueros", respondía él. Pero está de broma, es Chiquito, siempre lo está.

Así de maravillosamente se despedían los cómicos Chiquito de la Calzada y Paz Padilla ayer en el programa de Bertín Osborne "Mi casa es la tuya". Se ve que estaban en la suya pero la en mía acabaron por entrar risas y alguna media sonrisa. "Tiene gracia el jodío", me decían por aquí. A mí más que gracia, lo que me daba es ternura. Algo más desde que supe que su nombre real era Gregorio Esteban.

Porque si bien un señor mayor que, a la vez que anda medio hacia delante medio hacia detrás dando patadas, cuenta chistes también a diestro y siniestro, puede provocar rechazo. Este consiguió ganarse a la audiencia hace décadas y ayer no iba a ser menos. Aunque a la que se llevó de calle fue a su ya fallecida mujer, Pepita. O quizá ella era la que lo tenía en el bote desde que asistió como público a una de sus actuaciones y un Chiquito de 18 años se apresuraba a dedicarle una canción.

De Pepita también dijo que era muy celosa y que había mandado tapizar los asientos del coche en amarillo para que no se le subieran las gitanas. Que era el amor de su vida. Y de esto daba fe José Mercé, quien contaba que durante su estancia en Japón con Gregorio este prefería hacerle regalos a su Pepita que comer. Aunque estos regalos fueran una bolsa de rulos del pelo, como si en Epaña se nos hubieran acabado ya. Que ella lo era todo y fueron muy felices a pesar de no tener hijos. Y que cuando Pepita falleció le rompió el corazón y el sentío'. Acabada la entrevista yo ya quería plegarlo y llevarmelo a casa.

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