Columnismo

La gran mentira

Pupilas

08.11.2016 @adrivazquezr 2 minutos

A veces me asomo a sus pupilas para recordar las tuyas. Hago como que la escucho con la excusa de clavar las mías en las suyas. Pestañeo y vuelvo a la carga. Ella comienza a hablar de plannings de estudios y otras mierdas imposibles. Mientras termina y no, yo me entretengo memorizando y clasificando cada uno de los tonos miel y marrones que colorean su mirada. Sonrío sin apartar la vista de mi objetivo. "Le quedan bien", pienso. "¿De qué coño te ríes?", me espeta.

A veces me asomo a sus pupilas para recordar las tuyas. Ella deambula por ahí con tus ojos como si nada, como quien sale con pendientes de perla a comprar el pan. Ignora que lleva encima uno de mis mayores tesoros. Uno que creí tan perdido como yo lo estuve. Quizá por eso no me dí cuenta de que tus ojos seguían reflejados en ella. O quizá porque cuando cayó tu imperio también los vi caer a ellos. Supuse que el mar se los tragaría, los anclaría bien al fondo y haría de ellos su botín más preciado. No los soltaría ni los sábados que son siempre de resaca. No le culpo.

A veces me asomo a sus pupilas para recordar las tuyas. Porque me da pánico olvidarlas y que ya no sepa dónde buscarte. Ni ella. Ni yo. Ninguna de las dos.

A veces sigo asomándome a sus pupilas para recordar las tuyas. Para ver aunque sea de puntillas que siguen ahí, mirándome.

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