Columnismo

La gran mentira

Se nos rompió Fidel

29.11.2016 @adrivazquezr 2 minutos

Se nos rompió el amor de tanto usarlo. De tanto loco suelto sin medida. De darnos por completo a cada paso, se nos quedó en las manos un buen día.  De esos que pasas de un siglo a otro y ni te enteras, porque el día ha quedado bonito y no te importa.

O, sí. En Cuba con la muerte de Fidel Castro, fueron muchas las miradas que se empañaron con lágrimas por su tan inesperada ausencia. Mario Benedetti diría algo así como "yo lloro, tú lloras, él llora, nosotros lloramos, vosotros lloráis, ellos lloran. Ojalá no fuese conjugación sino realidad." Aquello era lo más parecido al Cocodrilo Park que hay de camino a Benalmádena, y no por mala fe sino por mal conocimiento. Sea como fuere, hay quienes veían en él un líder libertador que velaba por su pueblo. Dispuesto a morir por sus intereses, los de su pueblo, digo. Sin embargo, la versión de muchos cubanos es que Castro además de un sinónimo de comunismo también lo era de opresión. De ahí que haya quienes crean que a los cubanos simple y sencillamente Fidel Castro se les rompiera de tanto usarlo. Otra cosa es que el dictador ya estuviera mayor y la tiranía requiera de gran esfuerzo. Yo ahí no me meto.

O, sí. Yo pensaba que desde fuera todos éramos conscientes de que quién era este señor con el paso de los años. Podía llegar a entender que en la embajada cubana en Estados Unidos estuviera de luto protocolario y permitiera la entrada para homenajearle. No tanto que la entrada solo fuera canjeable al escribir en un libro lo apenado que estabas, como si de un libro de dedicatorias de primera comunión se tratara. Pero donde me petó la cabeza, fue ayer al ver a Láncara en la tele, lugar de nacimiento del padre de Castro. Un pueblecito gallego que había montado su propio velatorio con homenaje, lloriqueos, negros y anciana en silla de ruedas incluida portando corona de flores.

–  No me digas que se ha muerto Raimundo el del bar.

–  Peor aún, nena.

–  ¿Martiña? La que es hija de Antón el Piojo y Helena, que se separó hace poco. Carallo, ¿se ha tirado del campanario?

- No, nena. Fidel.

–  ¿Qué Fidel?

–  Castro, el cubanito ese que vino una vez hace 24 años a no se qué del padre.

–  Ay.

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