Columnismo

La gran mentira

"Una golondrina no hace verano"

26.04.2016 @adrivazquezr 2 minutos

No llevaba ni diez minutos en mi primera excursión al metro de Madrid y ya había robado cuatro mapas, dos corazones y hasta la vieja que se sentaba a mi lado. Una señora mayor, pelirroja y  maravillosa -a partes iguales-, con aires de condesa que raptaría un par de paradas para asegurarme de que no hubiera "pérdidas" de ningún tipo.

Le pedí el facebook a modo de rescate y huí de ese vagón atestado de sonámbulos digitales y algún que otro entrañable neandertal -léase "lector de periódicos en papel"-. Fue entonces cuando los vi: Don Quijote y Sancho Panza. Sin Rocinante, sin armadura e intercambiando ukeleles y lanza. ¡Maldita renovación de clásicos! ¡Y maldita Dulcinea, que aprovechó la ausencia del pobre Alonso Quijano para cometer el error de sustituirlo por un barcelonés! Así fue como se hizo viral un vídeo del metro de Barcelona en el que ficción y realidad follaban de lo lindo. Alegaron que con ello lo que hacían era denunciar justo ese tipo de situaciones. Y entonces yo deseé muy fuerte que los aztecas hubieran tenido razón.

Esto es lógica pura. Si yo le explico a un niño que no puede comerse un caramelo del suelo, no voy yo y me lo meto en la boca. Al igual que si España le explica a Cataluña que no puede independizarse, no va Rajoy y le manda un Periscope con "besis" de despedida a Puigdemont. Lo que si hace es regalarle el Quijote, aunque aquel señor con complejo de "playmobil" lo fuera a poner en el rincón de libros que no leerá nunca, pegadito al de la Constitución.

No les culpo. A ninguno de ellos. A nadie, de hecho.  Cada uno opina, acierta y se equivoca como quiere. Quizá ellos no han encontrado a su Sancho, su toma de contacto con la realidad. Una Villa en la que no sentirse Intruso y sentarse a ver las cosas con perspectiva. Porque donde unos ven gigantes otros ven simples molinos. Esto varía en función de la cantidad de tiempo libre de la que uno  disponga pues, a día de hoy, el aburrimiento suele ser directamente proporcional al número de tweets. El aprendizaje, al número de hostias recibidas.

Quizá nosotros tampoco hayamos encontrado a nuestro Sancho. Uno bien garrulo que postre nuestros pies sobre tierra firme de un tirón de orejas. Pero lo que sí hicimos es entender aquello de que "una golondrina no hace verano". Hace lo que le da la gana.

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