Columnismo

La justicia

27.11.2017 @@RomanGCamas 2 minutos

Vaya por delante que he estudiado Derecho. O que he hecho como el que ha estudiado Derecho. Supongo que por ello se me acercan más de lo recetable a pedirme explicaciones sobre la injusticia en sus diferentes afluentes y desembocaduras; al menos a ojos del ciego funcional que, más de lo deseable, se suele confundir con el miope inconformista.

Cada vez que eso sucede, imagino a un cheroqui o cherokee, según la Comunidad Autónoma, exhausto tras horas de danza y con cara de pocos amigos dirigida a un sol radiante; mientras una manada de cerdos consigue huir de de su fatídico último día de vida, a pesar de llevar nombre de santo. Y no lo hago por temor a que llueva sobre papel mojado, disculpen la tautología, ni mucho menos por sentirme lo suficientemente importante como para convertirme al veganismo.

Creo en la mejor jugada con las cartas que me han repartido, siguiendo estrictamente las reglas del juego y manejándome en el tablero en el que me ha tocado echar los dados; por lo que es mi responsabilidad conocerlas y preguntarme lo menos posible si me gustan o no. Al menos, para  así poder dormir por las noches sin necesidad de tomarme el placebo por mi mano. Soy más del vasito de leche.

Y es que pocos recuerdan que la Justicia es una mujer que se tapa los ojos muy habitualmente con la firme intención de desaparecer o de no ser vista. Créanme, he intentado dormir con ella varias veces y la espada pincha.

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