Columnismo

La juventud y otras columnas

El apocalipsis humanístico

03.07.2016 @dpelagu 2 minutos

Recuerdo que hace unos años pensaba que el mundo estaba en el prólogo de su apocalipsis. Mi mundo era la cultura, la creación, y esta había tenido un crecimiento exponencial en sus formas que sólo podía llevar a un sobrecalentamiento y posterior explosión. Quiero pensar que era un profecía, a su manera, razonable: me han enseñado que el siglo XVII fue racionalismo o empirismo, pero que en el XXI hay miles de autores en un panorama complejísimo, denso, inabarcable, para todos los gustos. Evidentemente, el tiempo jerarquizará, pero eso aún no lo sabía yo.

En pleno siglo XXI -"que ya ves tú la minucia del siglo XXI, en un mundo que ha vivido millones de años", decía una almodovariana Antonia San Juan en laSextaNoche- una realidad innegable es que la ciencia y la tecnología se está llevando por delante toda la humanística. He terminado hoy de leer "La muerte en Venecia" y seguramente no sea más que la historia de un tipo que se enamora de un jovenzuelo en la ciudad italiana, una eterna descripción de un sentimiento, de una ciudad, de una decadencia. Pero qué belleza. Quizá el XXI se decante por eliminar obras así, carentes de todo sentido del pragmatismo. Habrá que plantearse que, por mucho que digo lo contrario Bécquer, puede que llegue el momento en el que ya no haya poesía. Debemos considerar el caso de que puede llegar a no haber poesía, pero sigan habiendo poetas, desconcertados por su propia personalidad, pensando que pertenecen a algo que no existe. Quizá incluso ya nosotros seamos esos poetas sin poesía, apátridos marineros.

Y yo, que soy de Heráclito, de Nietzsche, de los Beatles y del Málaga CF, pienso que panta rei, todo fluye, que todo se andará -Tita Carmen dixit-, que todo se solucionará con lo mejor, puesto que se solucionará con la verdad, como una vez me escribió Carmen Mancebo -aunque quizá no se refería a lo que yo he querido entender-, y que lo del Borussia fue un robo, esto es, pienso que si el flujo de los tiempos lleva a la desaparición de todo aquello que amo, será así como ha de ser. No obstante, suele darse el caso que uno es bueno sólo en las cosas que ama y precisa de las humanidades para ganarse la vida, de algún modo. Si ellas se van, yo también, y ellas dicen que viceversa. El nuestro es un amor pasional y desenfrenado, como sólo puede serlo en el apocalipsis.

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