Columnismo

La juventud y otras columnas

El bueno de don Miguel

20.03.2016 @dpelagu 2 minutos

Nunca me he considerado un patriota. Hay aspectos por los que me congratulo de ser español, al igual que hay otros por los que lo haría si fuese francés, malgache o incluso norcoreano. Siempre he considerado una estupidez pensar que algo es lo mejor sólo porque sea mío, ya sean hijos de putas como Somoza o nacionalidades. Lo siento, compañero Jorge PedrosaTampoco ayuda que los "españolistas" estén orgullosos de su país por los motivos equivocados: ya saben, el tiempo, la comida, el fútbol...  Mis ganas de tararear -que no cantar- el himno coinciden con el recuerdo de que comparto procedencia con la rebeldía cultural española, aquella que denostan los de la pulsera de la banderita. ¡Cráneos previlegiados! Gente como la generación del 98, Pío Baroja, Valle-Inclán, Antonio Machado -hijo de Demófilo- y Unamuno son un verdadero motivo de satisfacción patriótica, y no Sergio Ramos o Blas de Lezo.

Don Miguel de Unamuno y Jabugo es uno de mis preferidos. Lo imagino como un señor tranquilo pero sabio, con esa hendidura en la frente que sólo te pueden otorgar los años y la lucidez. En los estudios de 2º de bachillerato, don Miguel era algo parecido a un ente omnipresente, lo mismo te lo encontrabas en Lengua y Literatura que en Filosofía o Historia. En todos aquellos aspectos en los que se convirtió en referencia ineludible para cualquier aspirante a intelectual en España, perduraba una idea: Unamuno no quería morir, ni quería quererlo. Esta fobia a la muerte hacía que diese igual que la trascendencia a la parca sea o no posible, don Miguel necesitaba que lo fuese. Se erguía frente a él la figura de un Dios cuya existencia dudaba pero de la cual precisaba por pura supervivencia espiritual.

Con todo, comienza hoy la Semana Santa y, como cada año, en Málaga las calles se engalanarán para recibir a los legionarios, que cantarán "El novio de la muerte". El respetable se emocionará y verá reforzada su fe al ver al Cristo de la Buena Muerte danzar al ritmo de la necrófila oda ideada por Millán Astray, fundador de la Legión. Y un servidor recordará, mientras tanto, el famoso encontronazo del deforme general en la Universidad de Salamanca con Unamuno, los gritos "¡Mueran los intelectuales! ¡Viva la muerte!" del mutilado y la respuesta del bueno de don Miguel, supremo sacerdote del templo del intelecto, que a la muerte no quería ni verla pero a los tontos, menos aún. Probablemente, por eso decidió superar su necrofobia y finalmente fallecer cuando veía quiénes llegaban al poder.

España, ¡mi España!, o quizá la humanidad entera, ¡mi humanidad!, es la continua lucha entre los Millán Astray y Unamuno de turno.

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