Columnismo

La juventud y otras columnas

El día de Difuntos de 2016

30.10.2016 @dpelagu 4 minutos

¿Os movéis para ver muertos? ¿No tenéis espejos por ventura? ¿Ha acabado también Gómez con el azogue de Madrid? ¡Miraos, insensatos, a vosotros mismos, y en vuestra frente veréis vuestro propio epitafio! ¿Vais a ver a vuestros padres y a vuestros abuelos, cuando vosotros sois los muertos?

Don Mariano José de Larra, en su artículo "El día de Difuntos de 1836"

 

Aquí yace media izquierda, murió de la otra media

Se juntan para cantar el A galopar, con ese inicio como de Pinball Wizard de The Who. ¿Los quién? Pues los pablistas y los errejonistas, que cuando se juntan forman eso que se llamaba Podemos, y todo Podemos levantaba el puño, menos Errejón, que levantaba ese símbolo de la victoria que hacen los japoneses y los niños de 8 años en las fotos. ¿Alguien se imagina un debate tan fiero en la derecha por los símbolos que se han de usar para llegar al electorado? ¿Los simbo-qué? Fluía el amor en la política española, pero el amor, ay, también consta de sus rencillas, del no querer escuchar al otro, o al menos eso debe pensar Iglesias. Lo que tú llamas amor, querido Pablo, fue inventado por tipos como Errejón para seducir desde el núcleo irradiador.

Aquí yace el liberalismo, donde nunca llegó a nacer

Creo que fue Arcadi Espada el que escribió que siempre había una primera vez en la vida en la que te llaman fascista, pero es que a día de hoy ya son fascistas tanto Dr. Jekyll como Mr. Hyde. Mucho más raro es que te llamen liberal y que a mí me hayan añadido a una lista de twitter de nombre "Liberales/Periodismo". No sé qué haré con este honor. Quizá es momento para decir que yo he sido de los liberales desde pequeñito y que estamos que lo petamos últimamente con Rajoy presidente, Juanra Rallo y tal. Que me he afiliado al P-Lib, como medida provisional, al menos hasta que Esperanza Aguirre funde su partido. Que por fin tengo clara mi opinión política, que ya tengo una respuesta dogmática para cualquier asunto y que puedo cantarlo con razón: ¡Amigos míos, ámenme, soy un liberal!

Aquí yace la poesía, murió de prosa cipotuda

Ir a un recital de poesía semeja a ir a misa. Un señor declama algo y tú, que eres disperso -aparte de liberal de nueva cuña-, no le entiendes. Aprovechas el silencio y la voz, el tono y las pausas, como de Gabriel Rufián en el estrado, para reflexionar sobre por qué no existe todo y no más bien nada, qué gracia esto de que nos pongan a todos a vivir aquí, cuántos justos seremos en Sodoma, y al final uno acaba agradecido a aquella voz, que te hizo pensar y ya es la de Dios en la tierra. Yo no soy poeta, que ser poeta supone tomarse demasiado en serio a uno mismo y me arriesgo a que Joaquín Reyes me haga un celebrities chanante. "Tú es que eres de prosa cipotuda" -me digo a mí mismo- "tú lo que quieres es que Jabois te cuente lo de aquella vez cuando un señor le partió la cara en un bar de Pontevedra porque estaba morreándose con su novia". Estoy sumergido en mis pensamientos cuando le toca el turno a mi compañero Jorge Villalobos, que es quien me ha llevado allí. Lo que recita Jorge sí lo recuerdo, sí lo entiendo, sí me golpea en la cara y me dice que despierte:

"A mi madre, tan madre, a mi madre, tan muerta. Te quiero". Joder, Jorge, joder. "Un hijo sin madre no es un hijo". Joder, Jorge, joder. Así que esto es la poesía.⁠

Aquí yace una legislatura, no sabemos aún quién la matará

Ya se ha hablado aquí demasiado de Marianico, ese hombre, el buen funcionario, el del par de polvos al año, el del fotomatón, pequeño gran Rajoy. Hoy se ha hecho además presidente. Con esto se acabó este casi año en el que hemos desgobernado peligrosamente. Como liberal, contento; como periodista, triste y desamparado ante la recuperación de la normalidad. En laSexta noche, el 'dream team' de los medios -Inda, Marhuenda, Escolar, Maestre...- se encontraron el mismo problema y se pusieron a jugar a la porra de los ministerios. Soraya, a Presidencia; Moragas, a Fomento; Cospedal, a Interior; tú, a Londres y Rajoy, a la Moncloa. Y yo, a leer a Larra. Y a Adam Smith.

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