Columnismo

La juventud y otras columnas

El País y Cebrián

11.12.2016 @dpelagu 4 minutos

El periódico es un producto extraordinario. Aunque en la práctica ya no exista, no debiéramos olvidarnos de ello. Para un millenial, incluso para uno que estudia Periodismo, comprar el diario es poco menos que una aventura. Pedí un ejemplar en el quiosco (¡a las ocho y media de la noche!) y tengo 19 años. Sospecho que soy el salvador del periodismo. Voy leyendo, golpe a golpe, verso a verso, página a página, y pienso: “Ahí va, a esta la sigo yo en twitter. Y a este. Contras, no sabía que toda esta gente buena escribe en el mismo sitio”. Leía El País.

Daba sus cinco reglas de oro sobre periodismo Cristian Campos en Twitter y decía la cuarta: “el único periodismo que no miente es el de opinión porque, joder, lo avisa desde el principio”. Hay opiniones y opiniones. La tradición española del escritor de periódico no se puede resumir, como se tiende a hacer, en una expresión más del periodismo ideologizado del sur de Europa. De Umbral -el columnismo hecho carne- no se recuerda qué votaba, sino qué y, sobre todo, cómo escribía. La tradición literaria del columnismo español, más que con la tendencia ideologizada y editorializante de los periódicos del sur de Europa a la que se suele asociar, se enmarca con el Nuevo Periodismo norteamericano, y es que en ambos confluyen librería y quiosco. El Nuevo Periodismo americano es meter el periodismo en un estante de la biblioteca, el columnismo español es meter la biblioteca en una columna del periódico.

Esta noche -o quizá fue ayer, o quizá fue hace ya meses, depende de cuando usted, querido lector, eche un ojo a esta columna- Jordi Évole entrevista a Juan Luis Cebrián, primer director de El País y ahora empresario de PRISA, que bien puede ser Satanás o muy Satanás, según preguntes a un lado u otro del espectro. Cebrián algún día fue periodista, al igual que Felipe Glez. algún día fue progresista. Los estudiantes que le hicieron un escrache en la Autónoma les tildaban a ambos de fascistas. Soto Ivars dijo acrósticamente que Cebri es un tirano como Calígula en un suplemento de su propia casa. Explicaba luego en su espacio de El Confidencial: “Me he criado leyendo 'El País', me he formado leyendo 'El País' y he conocido España leyendo 'El País'; porque llevo años viendo cómo convierten un periódico lleno de profesionales excelentes en un cortijo al servicio de su acreedor”.

El País fue una revolución aséptica y europeísta que parió el susodicho Cebrián, lo cual es innegable. El problema se da cuando tal revolución en el periodismo español se institucionaliza, cuando se da por hecho y, sobre todo, cuando llega al punto de creer tener el derecho de decirle a la gente qué ha de pensar. Acúsenme de hipócrita, pero el columnismo no va de eso. De hecho, El País se ha convertido finalmente a esa tradición editorializante del sur de Europa con la más ínfima apuesta por el columnismo literario entre los grandes diarios nacionales. Y, con todo, sigue siendo un producto excelente.

A Teodoro León Gross le encanta citar aquello de Bernard Cohen: “La prensa en la mayoría de las ocasiones no tiene éxito diciéndole a la gente lo que tiene que pensar, pero continuamente tiene éxito diciendo a los lectores sobre qué tiene que pensar”. Imagino que por ahí está jugando Cebrián, pero resulta simplemente absurdo en el día de hoy. Ténganlo claro: en la era de Internet, cada uno tiene recursos para pensar sobre lo que le dé la gana. Seguir pensando en el periódico como un gran líder de masas es un completo anacronismo, más propio de Ozymandias -autoproclamado rey de reyes, todopoderoso soberano de lo que ya no son más que ruinas- que de una estrategia lógica de supervivencia en esta mediamorfosis.

Elvira Lindo dijo en laSexta Noche que piensa escribir en unos dos o tres años un libro de Manolito Gafotas entrando en la Universidad, “haciendo una carrera fácil pero de futuro difícil: Periodismo”. Me da que pensar: los Manolito Gafotas del mundo acaban metidos a periodistas. Hace un tiempo ya me dijo mi coleguita Carlos Guerrero que nosotros “cobrar, cobraremos una mierda, pero tendremos influencia: por eso nos hacemos periodistas”. Manolito-Cebrián es indudablemente de esos. Lindo también pide el recambio en la profesión: “Tenemos que dejar que la gente joven nos sustituya: que escriban las columnas, que sean ellos los que entrevisten… Confiar en ellos”. Cebrián llegó a la dirección de El País con sólo 31 años y ahora ya ha pasado la setentena. Quizá…

El periódico, decía, es un producto extraordinario. Que no lo estropee, nunca, una línea editorial.

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