Columnismo

La juventud y otras columnas

El periodismo es culpable de la investidura de la Trump

22.01.2017 @dpelagu 2 minutos

Tengo una teoría: el periodismo, el cine, las élites comunicativas en definitiva, no aguantan que haya surgido una alternativa a la versión oficial. Desde el nacimiento de Internet, cada persona puede leer sobre lo que le apetezca. El papel del jerarquizador del mundo, del periodista que ha de ordenar la realidad en qué es importante o no, ha desaparecido engullido por las redes sociales. Ya cada uno conoce el mundo como demonios desee conocerlo, no sólo como se lo presenten en bandeja los grandes medios de comunicación. He aquí el punto de conflicto.

Los medios de comunicación, que a partir de ahora podríamos conocer como Cebrianes, quieren seguir ejerciendo el poder de seleccionar el conocimiento de la realidad cara a la masa, pero esta ya ha probado las mieles de la anarquía informativa en la red y no está dispuesta a pasar por el aro. No podemos hablar de que los medios busquen reflejar la realidad cuando el elegido democráticamente como presidente de los Estados Unidos ha recibido una campaña en contra brutal por parte de las élites comunicativas. Es evidente que no es representativa la opinión de los periódicos en relación a la de los ciudadanos, pero es que el problema no es ese: el problema es que un periódico crea que su deber es el de opinar e influenciar, y no meramente el de informar de hechos, ideas, puntos de vista, conocimientos.

La masa hoy se rebela contra ello de la peor manera posible, y es que los periódicos han sido los que han aupado a Trump a la presidencia con su campaña contra él. Cuando un periódico intentaba convencer a los estadounidenses de que una pésima candidata -como es Hillary Clinton- era en realidad maravillosa, no hacían más que confirmar cara al electorado la teoría de Trump de que los medios les intentan manipular. Los Estados Unidos de Trump están hartos de ser tratados condescendientemente por las élites comunicativas, que le dictan qué han de votar y de pensar. Trump es el hijo bastardo de la megalomanía del periódico. Es un machista, un racista, un patán en el más amplio sentido de la palabra, sí, pero para sus votantes, es al menos, alguien a quien han elegido ellos y no los que les dicen cómo pensar.

El periódico ha de entonar su mea culpa por la investidura de Trump. No porque no le haya combatido con suficiente fiereza, no, sino porque ha creído que su papel era, efectivamente, el de combatiente y no el de mero retransmisor del combate.

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