Columnismo

La juventud y otras columnas

Esta juventud

23.10.2016 @dpelagu 3 minutos

Yo no fui un niño raro, pero en muchas cosas ya era yo. En mis memorias de un niño de derechas, recuerdo que una vez le dije a mi madre que temía el momento en el que mi generación llegase a la edad de tener que dominar el mundo. Deseaba mucho llegar a ser un adulto y me veía totalmente capacitado para ello. Ya les he dicho que siempre fui un pretencioso. Mi confianza en el mundo de los mayores era total y no veía que mi generación estuviese a la altura. ¡Eran tan inmaduros, tan irresponsables! Claro, teníamos 8 años. Supongo que una primera forma de hacerse mayor es descubrir, simultáneamente, que el mundo es una mierda, sí, pero una mierda mucha más compleja de lo que siquiera habías imaginado.

Yo tenía para esta semana borradores de hasta tres columnas distintas, sobre la batalla de símbolos de Podemos, sobre el escrache a Cebri y Glez., sobre la batalla de Mosul; pero tengo la imperiosa necesidad de satisfacer un impulso autofelatorio y gritar cuán orgulloso estoy hoy de mi generación, de esta juventud. Este medio organizó el pasado viernes 21, a partir de ya una noche histórica, la I Jornada de debate cultural "Prosa y palustre", que fue seguido de una cogorza de esas que despiertan muertos. Yo ya no recuerdo qué demonios pasó en esas horas, aunque puedo suponer que el simple hecho de juntar a tante gente joven para hablar de cultura ya es motivo de celebración. Lo único que sé es que el sábado me desperté feliz, aún con un poco -demasiado poco- de resaca.

Decía el omnipresente Umbral en la mejor columna de la Historia que la juventud no es la ruta del bakalao, que la juventud es hoy la Universidad en pie de guerra. Decía Pérez Reverte que con todas las posibilidades culturales de Internet, ya sólo es tonto aquel que quiere. Esta juventud no puede ser engañada, o no tanto, porque esta juventud tiene acceso a un bando y a su contrario, y ve que todo es lo mismo. Esta juventud es hoy, simultáneamente, ruta del bakalao y Universidad en pie de guerra, reggaeton y rock clásico, anecdótica y trascendental, promiscua y enamoradiza, Rubius y Dylan, esta juventud piensa una cosa y su contraria, y eso es maravilloso: esta juventud es esperanza. ¡Hoy deseo que, por favor, llegue esta juventud a ser todo lo que ya es! ¡El viejo mundo (social) está cayendo y nadie se da cuenta! ¿Es que Internet ha creado suprahumanos posmodernos o es que todas las generaciones son cojonudas cuando son jóvenes? Quizá hacerse mayor es también darse cuenta que tu generación es igual de lamentable que las demás, pero también quizá todavía no quiero ser tan mayor como para percatarme.

Crecer también puede ser tener un pasado que amas y sabes que no volverá, unas manos ancianas, unos ojos negros. Darse cuenta que, al igual que ahora sólo tengo el futuro, habrá un momento en el que sólo tendré el pasado. Escribí una carta a mi yo de dentro de diez años en un desierto espiritual hace un verano y recuerdo que pensé que lo único que debía transmitirle era que, fuese lo que fuese, me parecía bien. Hoy esa función de caja del tiempo la heredan estas líneas y le escribo quizá ya a un afable señor bicentenario, o a un calvo cuarentón en crisis, o a un viejo verde y cascarrabias, que seré yo. Y le escribo:

Joder, sigue siendo joven. Al menos, a tu manera.

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