Columnismo

La juventud y otras columnas

La quijotada

21.02.2016 @dpelagu 2 minutos

Tienen mucho de quijotada –y quizá algo de sanjurjada- estas andanzas en las que nos vemos envueltos. Dentro de poco, muy poco, nacerá la única sección que queda aún por inaugurar, la Extraordinaria de El Reverso. En ella escribirán y se expresarán distintos intelectuales que admiramos y nos han enseñado con tanta maestría. El alumbramiento se prevé para el próximo Día del Señor, jornada en la que, casualmente,  también le toca publicar a un servidor, sin presión. Así pues, un Amadís de Gaula, virtuoso caballero, cabalgará de cuando en cuando junto a este Quijote. Supongo que ni en sus sueños más húmedos el manchego pudo imaginarlo, pero los sueños están para cumplirlos, o algo así decía Coelho.

Algunos de estos verdaderos caballeros andantes que nos honrarán con su talento en la Extraordinaria pasan por ser profesores, de esos con carácter de excepción, en una estructura educativa y universitaria de dudosa contemporaneidad e innegable fanfarronería conceptual, en forma de torres de apuntes. No se puede salvar el sistema, pero sí se pueden salvar personas, bien lo supo Oskar Schindler. Tomamos el relevo, pues, de estas excepcionales -pero magistrales- lecciones de nuestros padrinos y, con este enreversado proyecto, damos con decisión un paso adelante, como don Alonso Quijano. ¿A dónde! ¡A la aventura, a la aventura!

Ocurre que, por mucho que se intente, no se puede comparar la desesperada acumulación de conocimientos con una genuina experiencia de aprendizaje, al igual que el ingenioso hidalgo nunca se sintió más caballero que cuando se estrelló contra el molino. Nadie se ha emborrachado jamás a base de conocer conceptualmente la palabra vino, como acertadamente sintetizaba el jesuita Anthony de Mello, y nosotros hemos llegado dispuestos a empacharnos, a la voz del ebrio cántico: "¡que no son molinos, joder, que son gigantes!".

Ah, Caballero de la Triste Figura. Cuantas veces deseo gritar aquel "¡ladran, Sancho, luego cabalgamos!" que te atribuyó tu reencarnación yanqui. Cuantas veces te canto, con ritmo de Serrat y versos de León Felipe, hazme un sitio en tu montura, ponme a la grupa contigo. "Y así, derrota tras derrota, lograremos la victoria final" dijo el mayor asesino de la Historia (¿o sólo era una historia?). ¡Cuánto deseo montar a Rocinante, ser rechazado por Dulcinea y derrotado en la pelea, estrellarme contra tu gigante! A fin de cuentas, una juventud no quijotizada, ni es juventud, ni es nada.

PD: Nunca he conseguido leerme "El Quijote". Pero, demonios, si ha inspirado tanto, algo tendrá. Prometo leerlo lo antes posible. A no ser que esté demasiado ocupado viviéndolo.

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