Columnismo

La juventud y otras columnas

La vida del periodista acaba convertida en una mísera réplica del periódico

25.12.2016 @dpelagu 2 minutos

Es relativamente habitual el caso del escritor que convierte su vida en una más de entre sus obras, acaso la más sufrida entre todas ellas. Se trata de un proceso de metástasis por el cual la literatura acaba extendiéndose desde el papel a todos los aspectos vitales, y al final acaba uno inundado de tanta poesía y tanto sufrimiento. Pues al periodista también le pasa, mas con la actualidad, claro.

El periodista lee el periódico porque acaba leyendo su propia vida. Quizá por eso su obsesión por escribir el primero, lo que llevará a tomar -piensa- las riendas de la primera. La agenda informativa diaria es para un periodista como la cancioncilla de los diez negritos, macabra y profética.

Si Aznar deja la presidencia de honor del PP, al periodista se le va un abuelo. Puchito, puchito. Si Iglesias y Errejón se disputan la cuadratura del círculo, al periodista le entra crisis vital. Puchito, puchito. Si Teresa Rodríguez denuncia acoso sexual, será mejor que el periodista no salga de discotecas. Puchito, puchito. Si el ISIS golpea por segunda vez en camión, el periodista sigue soñando con mucha velocidad y un choque inminente. Puchito, puchito. La vida del periodista acaba convertida en una mísera réplica del periódico.

Hoy no sale prensa escrita y puedo vivir una cena de Nochebuena tranquila en la patria de Pascual Duarte. Son aquellas pequeñas cosas, canta Serrat, que construyen el todo, concluye el periodista. 2016, el año que nos salió del revés, resume El País. Mirémoslo por el lado bueno: 2016, el año que nos salió (de) El Reverso.

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