Columnismo

La juventud y otras columnas

Mariano Rajoy

26.06.2016 @dpelagu 3 minutos

Hoy se vota, ayer se reflexiona y, con todo, Mariano Rajoy sigue siendo el hombre más importante de España. Algunos le acusan de una exacerbada maldad neoliberal, otros le atribuyen una increíble caraja de ignorancia, de mediocridad, de normalidad, en la cual su llegada al poder no sería más que una muestra más de la aristofobia reinante en España tan presente en los pensamiento de Ortega y Cristóbal Villalobos.

Sí, puede ser cierto, Mariano es normal, extremadamente normal, extraordinariamente normal. A él la extraordinariedad sólo le llega para estudiar, empollar y ser un extraordinario funcionario, extraordinariamente aburrido, de conversación e ingenio soporífero, mientras que a Iglesias uno se lo imagina de conversación fascinante, mas inquieto, incapaz, en su puesto de funcionario. Quizá Rajoy sea el mayor exponente del político aburrido, de la burocracia, las leyes, el grisáceo color administrativo. Mariano es el triunfador resultante de nuestro sistema educativo obsoleto, el que sacaba buenas notas en clase y luego era torpe en la conversación, algo incapaz de entender en demasía los códigos sociales, aquel que a servidor le daba algo de coraje porque se le premiaba como el más listo por su único tipo de inteligencia. Rajoy, desde luego, no es persona que te abra la mente ni que te enseñe nuevos mundos, que es lo que servidor suele considerar inteligencia. Mariano, conceptualmente, no pasa del refranismo y las visiones más evidente, del "oiga, esto es así", del "las cosas no son fáciles, se hace lo que se puede", del Marca como referente cultural diario.

Le dijo Rajoy a Susanna Griso en la tele que hasta por leer el Marca le critican, como si fuera algo desproporcionado, ilógico, como si que ese sea el bagaje cultural del presidente de una potencia europea no fuese problema. Rajoy no entiende por qué le critican, se encoge de hombros y dice simplemente que a todos los presidentes les han puesto a parir, tiene su visión y la sociedad ya le ha dicho (vía educación, promoción laboral) que es la mejor, así que para qué va a tratar de ampliarla. Es presidente de la generación que sale, que no comprende los nuevos códigos, al que Griso no tuvo valor de preguntar por sexo como a los otros candidatos que entrevistó. "Mira los invernaderos, es apoteósico" sí que le dijo Mariano cuando iban de campaña por Almería. A Mariano le da igual el sexo o la cultura o la juventud o la revolución, que viene a ser todo lo mismo. A Mariano lo que le flipa es el invernadero almeriense, el pueblucho de tres al cuarto, la desembocadura del Guadiana y la vida lenta tan en boga últimamente.

Muchas experiencias hemos vivido para saber que de poco o nada sirve el gobierno de los poetas. Para hacer más entretenida la historia y quemar Roma. De "El inevitable fracaso de los intelectuales metidos en política" hablaba Javier Bilbao en la Jot Down. Como norma general, si la política de tu país no es profundamente aburrida, es que algo estamos haciendo mal, decía en twitter @egocrata. Quizá por eso es planteable que, realmente, Rajoy haya sido un buen administrador de la presidencia española.

Pero qué coñazo. Que se asalten los cielos. Que arda Roma.

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