Columnismo

La juventud y otras columnas

¡Opinen, opinen!

09.10.2016 @dpelagu 2 minutos

He gozado esta semana con American Crime Story: The People v. OJ Simpson, la reconstrucción vía miniserie televisiva del juicio del héroe de la comunidad negra OJ Simpson por el asesinato de su ex-mujer y un amigo de la misma, una de esas bromas internas estadounidenses. Comprendan que un servidor, nacido en Espetolandia dos años después del juicio, no supiese en profundidad sobre el caso y haya quedado estupefacto. OJ Simpson, antiguo jugador de fútbol americano y actor, fue absuelto por un jurado de mayoría negra, pese a las abrumadoras pruebas de ADN contra él, gracias a una defensa del acusado que planteó el juicio como un nuevo ataque racista del Departamento de la Policía de Los Ángeles. Las encuestas determinaron que el 70 % de la población blanca creía que era culpable, mientras el mismo porcentaje de los encuestados de color le creía inocente. Cada cual, tan feliz con su verdad, cegado por las circunstancias.

Escribía aquí mi amigo Nacho Garrido, que se ha hecho masón conmigo en las últimas semanas, que a día de hoy opina todo Dios sobre todo Cristo; me contaba Joselu Zafra, que se hizo colega mío hace unas semanas, que él no aguanta a los opinólogos profesionales, con honrosas excepciones en Soto Ivars y Bujalance, y culmina el tridente Antonio de la Cruz, que me metió en la logia, argumentando contra aquel que pretende crear cátedra sobre lo que no sabe. Yo, que soy indudablemente sumiso, les digo a todos que no les falta razón, mientras gestiono un medio en el que escribe la niñatez local y nacional lo que siempre se ha llamado periodismo de opinión, pero que tiene mucho más de dudar que de afirmar.

Me recordaba hace ya un tiempo Sixto Martín la frase de Ortega, "o se hace literatura, o se hace precisión, o se calla uno" y ¡cuánto comulgo con ella! Aplicada a lo que nos toca, tal y como yo lo entiendo, o se opina de una manera divertida y literaria -¿sinónimos?-, en la que lo de menos es lo que se defiende; o se busca un aproximación real a la verdad, desde la duda continua y la pluralidad; o se calla uno.

Y os juro que a mí me gustaría quedarme callado, o sólo comunicar en privado, pero es que de algo tendrá que comer uno.

Como si esto diera de comer.

 

 

 

 

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