Columnismo

La juventud y otras columnas

Querido Lorquito

21.08.2016 @dpelagu 2 minutos

Querido Lorquito:

Dos días hace ya, ¡dos días!, que te escribo y no recibo respuesta. El infierno no es infinito, el infierno son dos días, dos jornadas interminables en los que no he recibido tu letra, tu verborrea, dos madrugadas en las que no he existido porque tú no me has creado.

Dos días y ochenta años después, sangre derramada, España siempre será España, la más triste de las historias, no porque acabara mal, sino porque nunca acaba. De lo que fue la Residencia de Estudiantes, sólo queda la nostalgia, mas no nos engañemos: todos sabíamos que aquello no iba a durar, que era poco más que una fantasía para pasar a la Historia. Fuiste candoroso, puente a tu manera romántica, gitana, de la Residencia con la España devota de Frascuelo y de María. "Federiquito, en el libro tuyo te he visto a ti, la bestiecita que eres, bestiecita erótica, con tu sexo y tus pequeños ojos de tu cuerpo". Te vio Salvador y te vio el Coscorrón del '36. Al paredón por masón, por sodomita, por comunista, ¡por ingenuo!, para luego lamentar que a la España imperial le asesinaran su mejor poeta.

Dice Machado, el hijo, que Ella vino a visitarte, que Ella escuchaba.

"Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!"

Mi querido Lorquito, yo hoy hablo en una terraza sobre la vida, la muerte, el sexo de los ángeles y la Divina Comedia de Dante hecha animación con mi Tarantino ceutí, y pienso en ti. Yo hoy veo decir adiós a la vida desde la inmovilidad de boca abierta y manos hinchadas, y pienso en ti, en tu diálogo con Ella, y en esa novela de Arnao, monólogo de tanatorio con edipazo, la bautizó Pozo: "Yo estoy muriendo de amor por ti, madre, muriendo como mueren los insectos cuando picotean la piel de los hombres, muerto por ti, pitusa mía".

Federico, recibe a mis hermanos, que van contigo, Federiquito, la luna brilla hoy más que nunca, Lorquito, te amo.

Mi querido perro andaluz, he aquí un minino al que puedes devorar.

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