Columnismo

La juventud y otras columnas

Simbiosis psico-epistemo-filosófica

18.09.2016 @dpelagu 3 minutos

Toda época ha tenido su Alejandría, su Enciclopedia ilustrada parisina, su Templo del Saber salmantino, y el veintiuno, ese canalla, tiene a youtube.

Últimamente, he tenido la posibilidad de relacionarme con algún que otro ilustrado y he observado cautamente cual Félix Rodríguez de la Fuente: "El intelectual y la mierda", llamaría a mis análisis. El intelectual, de primeras, te dirá que lo imprento es la fuente de la Eterna Sabiduría y que todo lo que saben lo descubrieron sumergiéndose en las páginas de Thomas Mann, Saramago, Coetzee o, qué sé yo, Coelho. Sin embargo, si le invitas a unas copas y te ganas su confianza, el intelectual te confesará -no con vergüenza, sino como quien cuenta su truco infalible para ganar al mus- que un altísimo porcentaje de su conocimiento proviene de vídeos de youtube.

Claro está que uno sólo puede adquirir una voluntad de estilo en su escritura a base de leer -"a escribir se aprende por envidia", nos dice a Adriana Vázquez y a mí Ricardo Colmenero-, pero ser docto no es sólo escribir bien. Me parece bastante claro que se aprenden más hechos, datos, curiosidades, información, conocimientos, en Internet que leyendo un buen libro. Se descubre más mundo, pero se cuenta peor, claro. Amalgame usted ambas fuentes de estudio y será el rey.

Cuento todo este meollo del bollo del cogollo de la cotorra, que diría mi querido Emilio Arnao, para poder justificar desde la erudición mi adicción a la dichosa plataforma. Me pierdo más en los vídeos de ElRubius que en Umberto Eco y quiero vivir de cultureta: doctor, ¿es grave? Es generacional, me respondería. Dando vueltas en círculos por la red, me encuentro viendo documentos de El Intermedio, del Polónia de TV3 y del primer Salvados, porque si algo está más chido -por eso no se debe buscar voluntad de estilo en youtube- que la realidad es la esperpentización de la misma. Una realidad que no se pueda esperpentizar es un fracaso y un sinsentido existencial.

En uno de estos vídeos, digo, encuentro a alumnos de filosofía con un micrófono delante. El resultado es impagable. Si Mastropiero, el desastroso compositor ficticio de Les Luthiers, hubiera leído menos y hubiera visto más youtube, no sólo sería más docto, sino que además la segunda parte de su cumbia epistemológica -los jóvenes se aman con tanto entusiasmo/ que sólo con hablar ya llegan al Erasmo- se hubiera escrito sola. "Yo soy filósofo para ligar y para comer lentejas", dice uno. "Leer frase por frase a David Hume es clave para ligar, funciona. Al ser empirista, dices que todo empieza por los sentidos, le dices a la otra persona que te mire de verdad, te acercas..." afirma otro. "Si acaso Schopenhauer, dando un poquillo de pena. Le dices lo típico de que no vamos a ser felices nunca, que la vida es dolor y tal, y ella te dice: 'no, ven conmigo'...". El filósofo para ligar y comer lentejas es mi preferido: "Sin duda alguna, Kant. Entras a la sorpresa, es algo que deja confuso. En ese momento de confusión, puedes ir al trapo".

En la vida y en el amor, existe todo, y no más bien nada. Y no sabemos por qué. Ecce dialecticorum.

 

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