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La juventud y otras columnas

¡Soy Copérnico, paleto!

08.01.2017 @dpelagu 3 minutos

El protagonista de lo que llevamos de 2017 es Mikołaj Kopernik, en su polaco natal, conocido en español como Nicolás Copérnico y por Álvaro Ojeda como Cristóbal Colón. Mikołaj fue un renacentista de los de agárrate-y-vámonos, que lo mismo se ganaba la vida como médico, se graduaba en Derecho canónico, que defendía ciudades sitiadas e inventaba el pan con mantequilla. El buen Mikołaj, Nicolás, Nico, lo practicó todo, menos el descubrimiento de continentes, que no era su fuerte. Como aquello de hacer muchas cosas a la vez no era suficiente para ganar la posteridad en una época verdaderamente dura para destacar, Copérnico desarrolló esa cosa del heliocentrismo, de que no somos nada comparado con el Universo, que nuestra presencia e importancia es ínfima y ridícula, a ver si colaba.

Y coló. Antonio Pascual, el mejor profesor del colegio de los jesuitas de El Palo, nos hablaba de tres grandes golpes contra el narcisismo humano: primero, Copérnico, que nos contó que no somos los propietarios del Universo; segundo, Darwin, que nos mostró que tampoco somos los amos de la Tierra; tercero y último, Freud, que nos enseñó que ni siquiera somos dueños de nosotros mismos. El cuarto golpe ha sido contra el narcisisimo periodístico y lo escenifica Álvaro Ojeda, que nos ha enseñado que Copérnico es realmente Cristóbal Colón y que en nuestra adorada profesión hay tantos gilipollas o más que en el resto.

Álvaro Okjeda, sobrenombre que a mí me suena igual de digno que Capitán Salami, estaba sacándole punta a cualquier idiotez que apareciese en la decepcionantemente corriente y moliente cabalgata de Carmena, anteriormente conocida como Madrid. Copérnico, o en su defecto un actor que lo interpretaba, estaba en una de las carrozas del desfile, este año dedicado a la curiosidad. El amor fue a primera vista:

Álvaro Ojeda: Colón, según muchos de Podemos el que practicó el genocidio más grande de la historia de la humanidad, en la cabalgata de Carmena. Hola, Colón.

Actor: ¡Soy Copérnico!

Yo sospecho que Ojeda sabe que hace el subnormal, pero le da igual, porque le pagan por ello. Ojeda interpreta el papel principal en el teatro de la imbecilidad y se forra gracias a que nos reímos de él. Lo admito, a mí uno de sus primeros vídeos -en el que daba banderas de España a los monos de Gibraltar- me hizo gracia. ¡Qué salao! ¡Qué ser más simpático! ¡Parece un mono más! Luego se convertiría en un parodia de sí mismo, en su propio esperpento para mayor gloria de Eduardo Inda y de los billetes que le caen del cielo de otros estúpidos, como yo, que le prestamos nuestra atención.

De genio a genio y tiro porque me toca, Copérnico -como Alberto Méndez con Los girasoles ciegos- no llegó a ver el enorme éxito de su obra maestra. Propuso una teoría y murió antes de poder saber en qué se convertiría, Copérnico ha sido -como muchos otros- más muerto que vivo, una paradoja fascinante pero terrible. "Mañana muchos maldecirán mi nombre", se suele atribuir a Hitler como últimas palabras. Quizá Copérnico tuviese uno de sus últimos pensamientos en ese sentido, más en dirección contraria, si es que le dio tiempo: "Mañana muchos celebrarán mi nombre, mi teoría, mis ideas". Bueno, ha acabado convertido en un puto meme.

Al igual que Ter aprovecha el culo de Kim Kardashian para explicarte las teorías arquitectónicas de Le Corbusier, quizá podamos aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid y publicar un artículo titulado "Copérnico: mucho más que un meme". Quizá, para Ojeda, el ser gilipollas es su forma de poner sobre la mesa el papel del heliocentrismo y el absurdo ombliguismo de la insignificancia humana frente a la infinitud de un Universo terrible, oscuro e irremediablemente deshumanizado.

 

PD: Puestos a hacer de Copérnico un meme, hagámoslo genuinamente. ¿Copérnico es el puto o no es el puto?

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