Columnismo

La juventud y otras columnas

Un hombre al que todos quieren

27.03.2016 @dpelagu 3 minutos

El pasado domingo, de Ramos, mi abuelo Demófilo Peláez Santiago -PapaDemo, para la familia- hizo la que probablemente sea su última paella. Desde que tengo memoria, cada semana he tenido una cita con su paella y cada día, con su ejemplo.

Ese mismo domingo, PapaDemo me enseñó por enésima vez su álbum de recortes de apariciones en prensa de la peña El Palustre, uno de sus grandes motivos de orgullo. De entre todos los que le mencionaban y alababan, siempre me llamó especialmente la atención uno. Fechado en el año 1974, el reportaje titulaba: "Demófilo Peláez, un hombre al que todos quieren", y seguía: "Ajeno a partidismos y banderías". Versaba sobre un homenaje que se le realizó por esas fechas como agradecimiento por su labor como presidente de la peña, en la que todos los preguntados resaltaban la capacidad de comprensión y acuerdo. La construcción no era sólo la profesión de mi abuelo, sino también su actitud vital.

"Cuando un día, pasado el tiempo, se escriba la auténtica historia de este suceso -el de las peñas- que hoy vive Málaga y cuyas derivaciones se presentan, por el momento, imprevisibles, a Demófilo Peláez tendrán que reservarle un capítulo especial, que será quizá el más entrañable, el más caliente" relataba la crónica. Ese capítulo, añado, también se lo tendrán que reservar en la auténtica historia del florecimiento de El Palo, de esa Málaga y esa España que con tantas ansias buscó la concordia.

Hace ya muchos domingos, mi tocayo me enseñó qué significado tiene nuestro nombre. Demófilo era el seudónimo del escritor y antropólogo Antonio Machado Álvarez, padre de los poetas Antonio y Manuel. Demófilo proviene del griego, demos es el pueblo, la gente, y filo es amor. Todo el que lo conoció sabe que fue un verdadero paradigma andante de su nombre, el mío, el de mi padre, el nuestro. Mi abuelo ha sido un verdadero amigo y amante del pueblo. "Querido por todos, ajeno a partidos y banderías". Llamarse Demófilo es, no sólo un orgullo, sino además una tremenda responsabilidad.

"Con Demófilo no roza nadie. Con él, nunca hay problemas. (...) Y te digo más, si hay alguna diferencia, se acude a él para que sea el encargado de limarla, en la seguridad de que lo hace con un tacto, con una cordialidad especialísimos... Es como una especie de Kissinger de la mejor ley" describía el artículo. Recuerdo como PapaDemo se rió cuando leímos la comparación.

Este domingo, de Resurrección, el alma se escapa del cuerpo de Demófilo Peláez Santiago "como el agua por una canastilla". Al igual que el hijo del primer Demófilo, que no podía cantar ni quería al Jesús del madero, sino al que anduvo en la mar, yo sólo puedo brindar por aquel PapaDemo que siempre fue un flujo continuo de vida, de unión, de amor y de responsabilidad. Hoy rezo a Dios y a quien haga falta por que, por favor, esta festividad haga honor a su nombre. Porque hay personas que, como decía el bueno de don Miguel, obran de modo que merecen a su propio juicio y a juicio de los demás la eternidad, que se hacen insustituibles, que no merecen morir.

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