Columnismo

La voz a ti debida

Anámnesis de Madrid (III), un prólogo del Retiro

04.02.2018 @santiago_mruiz 2 minutos

Ahora, con el invierno en las venas quizá sea agradable recordar cuando la luz del sol blandía sus fuertes rayos y caldeaban hasta el alma. Con tanta pesadez de la actualidad fatigosa y espesa que inunda la vida; un detalle, una observación, una pincelada sobre uno de los parques con más duende de Europa no es tan mala idea para una fría madrugada del alma. El Parque del Buen Retiro se localiza más allá de sus muros, hay, en torno a él, un mundo: el mundo del Retiro. A éste pertenecen todos los que están fotografiándose en la Puerta de Alcalá, posando; los que van por Cuesta de Moyano y ven tal o cual libro, o encuentran ahí un refugio, unas almas inmortales con las que hablar; los que acaban de llegar a la ciudad y salen de Atocha, allí ya se intuye y siente el parque. Los que pasean por Alfonso XII o Menéndez Pelayo, porque, al final, el Retiro pertenece más a los que pasean que a los que pasan.

Se oyen sonidos que trascienden los ruidos de los automóviles, es algo musical y de fuerza telúrica, es la música que produce la arquitectura y su 'magia', la historia que posee y la que se extenderá con el tiempo que le sigue a éste que ya nos pasa. Ya sea en la puerta de la Independencia o en cualesquiera de sus dieciocho puertas se puede palpar una sensación solemne, alegre y, en definitiva, de vida. Unos momentos de la paz que exhala el verano matritense. Una paz que sirve a los novios que van de la mano y se miran furtivamente, y aún no han traspasado la puerta, pero saben que están ya en el mundo del Retiro y lejos del que los controla. Sin lugar a dudas, como escribió Chaves Nogales, «la ciudad más heroica del mundo: Madrid». Allí se ha creado un microcosmos que crece y se perpetúa en los corazones de los que pasearon y respiraron su particular esencia. En el Retiro «lo fugitivo permanece y dura». En el Retiro se siente un Amor Brujo.

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