Columnismo

Los amigos son la mejor terapia

17.05.2016 3 minutos

Creo, y con casi total seguridad de que no me equivoco, que los amigos son la cura a todos los males. No resulta necesario ni tan siquiera tirarse horas y horas aturullando la cabeza de tu compañero para encontrarte mejor, solo basta con pasar tiempo con tu gente como un día cualquiera. Quince minutos y te has despejado por completo. Claro está que tienes que tener la suerte que yo tengo. Y joder, en la quiniela me ha salido el “pleno al 15”.

A mí me encanta pasar tiempo con ellos. Mucho. Muchísimo. ¿A quién no? Nos lo pasamos tan bien riéndonos del “tontito” del grupo... Sí, ese que tiene que estar hasta los cojones de los demás y que tiene que soportar día sí y día también las absurdas bromas que el resto hace. ¡Pero esos son los de verdad! Hace un par de meses nos reunimos la pandilla para cenar, casi tradición ya, un viernes por la noche. Uno de ellos venía con un corte de pelo, llamémoslo, llamativo. Y no porque luciera presentable, sino que parecía un cenicero. “El ceni” le llamamos durante toda la noche. Y mentiría si dijera que no estuvimos un par de días cachondeándonos. Cuando el camarero nos dio la cuenta, no pudo evitar comentar algo al respecto, y claro, viene un buen hombre que no nos ha viso en la vida y se descojona contigo... pues te hace partícipe, macho. Pero eso es lo bonito de las grandes amistades, no importa el qué ni el porqué. No hay rencores. Él lo sabe, nosotros lo sabemos; no cambiaríamos momentos así por nada. ¡Ni a él por supuesto!

Pero “discriminaciones” aparte, todos tenemos para todos. Y es que nos encanta irnos de fiesta. No hay nada mejor que una buena borrachera con tu equipo. Cada vez que salimos podemos escribir una novela. Eso sí, no sabría en qué categoría encuadrarla. Bueno, he ido demasiado rápido. Me he dejado al tardón del grupo. ¡Qué sería de un grupo de amigos sin alguien que llegue tarde? Ese que dice “estoy en 5 minutos” y se presenta, con toda su cara, 30 minutos tarde, tirando por lo bajo. Y ¡ojo!, nunca es su culpa. Por eso todavía no hemos sacado nuestro best seller. Pero, en fin, habrá que quererlo también. Y es que nos complementamos todos la mar de bien. Aunque haya veces por las que no, no pase por ciertas situaciones en mitad de la noche en las que, influenciado por mis amigos, la gracia corra por mi cuerpo y tenga que reírme [insertar foto que captura el momento].

Por otro lado, tenemos al despistado/a. Es requisito indispensable que este sujeto esté dentro de tu vínculos de amigos. Ese al que hay que recogerles sus pertenencias del suelo, porque no pasa nada, vive en Babilonia y, claro, allí tiene sus propias reglas. Porque en Babilonia son muy generosos, y se lo toma a pecho, por supuesto, a la hora de pagar y olvidarse lo que ha comprado. En fin, este sujeto podría ser también el “tontito” del grupo, pero sería demasiado castigo.

En definitiva, los amigos resultan ser la mejor medicina. Sobre todo aquellos que con solo verte saben de qué pie cojeas. Como dijo Charles Chaplin, “un día sin reír es un día perdido”, y si tenéis la misma fortuna que yo, seguro que no habéis perdido ningún día.

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