Columnismo

Los olvidados en el olivo seco de la memoria

04.03.2018 @santiago_mruiz 2 minutos

Días atrás se conmemoraba la patria chica, todos berreando con el día de Andalucía —como si necesitase tener uno— y todos se llenaban la boca con los poetas y literatos andaluces, entre otros; con poetas y literatos que a lo mejor no han tenido la decencia de leer antes de mencionar sus nombres. Pero hasta en el supuesto día de todos los andaluces, hay andaluces y andaluces. Unos más que otros. Y, al final, el recuerdo es selectivo; y, para que lo que tiene que seguir olvidado continúe con su infame entierro están las instituciones, que se encargan sistemáticamente de acordarse de lo que les interesa y guardar bajo tierra lo que, a su juicio, merece no levantar memoria, no sea que a alguien le dé por leer las letras facciosas y lo conviertan a uno en políticamente incorrecto. Otra vez, eligen según una trinchera ya apagada y no en función de la calidad de los materiales literarios que dejaron tras de sí.

Los buenos arriba y los malos en el sucio olvido. Loas en nombre de los ya bien sabidos, que merecen toda admiración y lectura, pero hay nombres con injustificado desamparo de los hombres ideologizados hasta la médula. La memoria raquítica de los bandos y de los tontos. Allá iban con un sentimiento de tránsito en bustos y estatuillas de un mahometano que pensaba que sus padres eran del sur cuando, bien es sabido para quien lee, son —para nosotros— del norte, hijos de Castilla, hijos de España. Y siguen y seguirán con la retahíla de mentiras míticas sobre el origen y los mismos cantos nostálgico. Ahí quedan, abandonados en el olivo seco de la memoria, José María Pemán, Pedro Muñoz-Seca o Manuel Machado. Este último, a la altura de su hermano, exitoso y esencial. Gran despreciado por la política. Recorriendo estarán alguna biblioteca que aún valore los doctos libros que dejaron y en los que aún viven.

Machado, Manuel, en un poema intitulado Otoño escribió:

En el parque, yo solo...
Han cerrado
y, olvidado
en el parque viejo, solo
me han dejado.

La hoja seca,
vagamente,
indolente,
roza el suelo...
Nada sé,
nada quiero,
nada espero.
Nada...

Solo
en el parque me han dejado
olvidado,
...y han cerrado.

Todavía hay gente que no ha cerrado ni los ha dejado solos. Continúan latiendo en los libros, siguen en el pensamiento. Su arte mantiene una mueca para los que los conocen y valoran.

¡Su arte es el arte que el esfuerzo crea

sobre el segundo cielo sin aurora

donde cantan el Número y la Idea!

Queda una cuenta pendiente para los que tanto gritan y claman en el día de Andalucía. Les deben un recuerdo —y una lectura—.

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