Columnismo

Madurar

04.02.2017 4 minutos

Internet lo carga el diablo. Un martes random estás viendo porno en el ordenador, empiezas a clicar de aquí para allá, una cosa lleva a otra, y sin saber cómo, acabas en un foro de la deep web con lucecitas rutilantes sobre fondo oscuro e invadiendo tu pantalla una ristra de mensajes tan alocados como Zeitgeist, Club Bilderberg, nos fumigan los chemtrails, transgénicos veneno puro, reptilianos nos gobiernan y la puta que los parió. En este punto ya es difícil retomar el porno. Conspiranoicos del mundo, vuestras pajas mentales le quitan las ganas de masturbarse a cualquiera.

A mi me gusta pensar que hay un agente del CNI que se divierte espiando mis conexiones, harto como estará ya de monotorizar a niños rata forofos del Rubius o extremistas del ISIS.

La mayoría de mis amigos y la gente de mi edad en general, suscriben este tipo de teorías de la conspiración, descabelladas a mi parecer, lo cual me hace sentir, en cierto modo, desplazado. Se suele decir que quien a los 20 años no sea revolucionario no tiene corazón, y quien a los 40 lo siga siendo, no tiene cabeza. Yo tengo dos décadas (suena más longevo, sí) y ya me noto viejo, quizá por el hecho de que no me siento llamado a rebelarme contra nada. Que la vida iba en serio uno lo comprendió hace tiempo; yo, como algunos jóvenes, no he venido a llevarme la vida por delante. Pero de ahí a no tener corazón va un trecho. Es más, recuerdo que hace unos años, una chica me hacía tilín (vaya expresión de viejales, por cierto) y le dije que le entregaría mi corazón; ella sabiamente me respondió "no, muchas gracias, ya tengo uno y me funciona muy bien la sístole y la diástole". Mira que me han rechazado de formas distintas, pero ninguna así: me rechazó biológicamente por ser un donante incompatible, supongo. Mi caranchoa no influyó para nada, claro.

Defiendo lo poético del órden. Por eso no me sorprenden demasiado noticias como que unos encapuchados propinaran una paliza a una chica nazi en la puerta de un pub en Murcia. En "el hombre que fue Jueves" Gregory llega a afirmar:

-El anarquista es un artista. Artista es el que lanza una bomba, porque todo lo sacrifica a un supremo instante. Solo el desorden place al poeta. De otra suerte, la cosa más poética del mundo sería nuestro tranvía subterráneo.

-Y así es, en efecto- replica Mr. Syme.

-¡Qué absurdo!- exclama Gregory-. ¿Por qué tienen ese aspecto de tristeza todos los obreros que toman el subterráneo? Pues porque saben que el tranvía anda bien; que no puede menos de llevarlos al sitio para el que han comprado el billete; que después de Sloane Square tienen que llegar a la estación Victoria y no a otra.

-Lo raro y hermoso es tocar la meta; lo fácil y vulgar es fallar. Nos parece cosa de epopeya que el flechero alcance desde lejos a un ave con su dardo salvaje, y ¿no había de parecérnoslo que el hombre le acierte desde lejos a una estación con una máquina salvaje? El caos es imbécil, por lo mismo que allí el tren puede ir igualmente a Baker Street o a Bagdag. Pero el hombre es un verdadero mago, y toda esa magia consiste en que dice el nombre: <<¡sea Victoria!>> y hela que aparece.- sentencia Syme.

La somanta de palos a la joven nazi de Murcia no tiene justificación por más que algunos se empeñen en resaltar el tópico de las dos Españas. No sé si es por el Baby Boom pero de Machado para acá ya hay más españas que españoles. Colocarse en los extremos es una estupidez y a menudo el hecho de no posicionarse desconcierta: no saben por dónde atacarte. Aún así, al no posicionarte automáticamente te colocan en el centro (no hace falta ser de Ciudadanos, ojo) y lo peor de estar en el centro es que te llueven las hostias de ambos lados. Te tacharán de alienado, de cómplice del Sistema o de cobarde; aunque la verdad es que yo nunca he tenido pelos en la lengua, excepto cuando practico el cunnilingus.

Ser un conservador prematuro tiene un riesgo importante: puedes acabar convertido en Jorge Verstrynge. Y sólo hay una cosa peor que un comunista de veinte años: uno de sesenta. Un comunista de veinte años es una rosa con espinas. Con sesenta, sólo eres espinas. No te empeñes en vivir de viejo lo que no viviste de joven, me digo. De tan maduro que soy, estoy casi podrido.

No sé si hacerme comunista, aliado feminista o algo chachi que acabe en ista. Todo sea por no quedarme descolgado de mi generación. Aunque mi mayor temor es que me confundan con un falso aliado feminista que está en el mundillo sólo por ver nudes. Y es que existen métodos de tortura tan espeluznantes como el empalamiento, la flagelación o en este caso en concreto, el "te voy a meter un bocado en la polla que no se te va a volver a levantar". #Candelafacts.

Cada día que pasa tengo más dudas y menos certezas, más preguntas y menos respuestas. Tan solo creo ya en el cipotudismo y en poquitas cosas más. Gracias por tanto, Íñigo F. Lomana, y perdón por tan poco. Tu artículo nos señala el camino.

Decía José Emilio Pacheco "ya somos todo aquello contra lo que luchamos a los veinte años". Si yo nunca he luchado, ¿en qué coño me voy a convertir?

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