Columnismo

Más se perdió en Cataluña

27.10.2017 @jorgefrances 3 minutos

Muerto el diálogo que nunca existió Rajoy tramita su desembarco en Cataluña. El batallón 155, de soldados de traje y maletín, armado de Constitución saldrá del Senado rumbo al Parlament. Y abandonada la política, que apenas se atisbó siquiera en el cruce de correspondencia entre presidentes y con algún que otro mediador ignorado, ahora toca la estrategia. Ya lo dijo el propio Puigdemont cuando hablaba de partida de ajedrez en aquellos parece tan lejanos días siguientes al 1 de octubre.

Hace muchos años que el Partido Popular perdió la calle en Cataluña. También los catalanes constitucionalistas, que tan solo la han recuperado fugazmente en concentraciones de bandera y Manolo Escobar. El desarrollo sin precedentes y que sienta precedente del artículo 155 es un jaque mate al desafío independentista. Y no solo porque busca que la maquinaria del Estado aplaste la estructura autonómica golpista. Lo es porque si su aplicación fracasa no existen más instrumentos legales para detener la rebelión.

Ya metidos en jarana el Gobierno de Rajoy aprovecha (quizá por saña o quizá como movimiento táctico) para controlar no solo las instituciones que vulneraron la ley, sino también la televisión pública catalana. El ejecutivo de Puigdemont ha pisoteado la Constitución y los tribunales. La mayoría indepe del Parlament se ha burlado de la ley, de su Estatuto de Autonomía y de sus propios mecanismos de garantías. Los Mossos d'Esquadra hicieron dejación de funciones y del mandato constitucional durante el referéndum ilegal. Pero la televisión pública catalana no ha vulnerado ninguna legislación más que otras muchas autonómicas en las últimas décadas. La crítica legítima a su toma de posición en el conflicto del lado del Gobierno de Cataluña es reprochable pero equiparable a la manipulación que los políticos realizan de las que consideran sus televisiones públicas, incluida Radio Televisión Española. La intervención de TV3 es un ataque innecesario contra la libertad de información y la pluralidad informativa.

La radio y televisión pública de Cataluña no es un ejemplo a seguir. Ha sido revolcada durante décadas en el lodazal del partidismo y ha sido un elemento clave de agitación pública contra España y en favor del movimiento independentista. Aún así, no creo que el mazo del 155 sea el camino para devolver la neutralidad a sus canales. El mal ejemplo de TV3 y Catalunya Radio junto a tantos otros ejemplos por toda la geografía española debería servir para realizar una regulación estable que garantice el servicio púbico sin sesgo político de todos los medios de comunicación públicos y termine con el caciquismo informativo y el poder absoluto de los virreyes de autonomía. El camino son normas como la nueva Ley de RTVE, acordadas en sede parlamentaria.

La intervención de TV3 es un garrotazo de más para quebrar el relato perdido. Un último golpe, con la víctima en el suelo, que más que un mal necesario Rajoy ha entendido como una oportunidad de oro para empezar a preparar el mensaje de la próxima campaña electoral. Ahora solo queda que el batallón 155 disuelva la desobediencia y que las urnas no nos devuelvan a la encrucijada con una composición del Parlament igual o más independentista que la de septiembre de 2015. Es la última oportunidad, más aún después del último sainete de comparecencias de este jueves.

Ojalá esta triste historia de la España que empequeñece por siglos no nos haga reescribir aquel dicho popular del desastre de 1898... ¡Más se perdió en Cataluña y volvieron cantando!... por Manolo Escobar, por supuesto.

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