Columnismo

Me la resbala

20.09.2016 2 minutos

Se dice que la indiferencia es un estado afectivo neutro, una condición negativa que desarrolla nuestra personalidad. También se habla del “ni siente ni padece”. Está demostrado que cuando hacemos uso de nuestra indiferencia, apartamos nuestros sentimientos y percepciones acerca de personas, situaciones o noticias. Es decir, lo que viene siendo que nos sude la polla.

Además, se suele relacionar con la frialdad o la crueldad. Existen casos en los que una persona ni se inmute, por ejemplo, con el pequeño Aylan en su día y que, por el contrario, le resulte esa reacción como violenta para el de al lado.

Sin embargo, también tiene su punto de vista positivo. Sirve como mecanismo de defensa, como una forma de restar importancia a los hechos y realidad que nos rodea. 

Hablamos de que la sociedad se va a la mierda, que las generaciones venideras transmiten inseguridad por sus comportamientos, que si vamos para atrás en el tiempo o nos quedamos estancados, pero... ¿realmente nos damos cuenta de las cosas?

Criticamos a los que tienen dinero porque tienen demasiado, a los pobres porque “no se han esforzado” en su momento para dejar de serlo. A Amancio Ortega por ser asquerosamente rico y explotar la mano del obra. Mientras tanto, compramos nuevos smartphones  y  zapatillas Adidas o politos Lacoste hechas por personas con trabajo a media jornada y trufas para merendar. ¡Qué cosas!  Después nos va el masoquismo. Nos roban, nos lo dicen y se ríen y seguimos votándolos. ¡Que se ha acabado el bipartidismo dicen! Y lo único que ha pasado es que los medios han puesto en escena a dos partidos más, y aún así seguimos en las mismas. O jóvenes que le flipan artistas izquierdistas como Foyone y los granadinos Ayax y Prok y luego son más de derecha que Maruhenda.

La indiferencia es una forma de evitar sorpresas, negativas. Porque si no te sorprendes, uno asimila que haya futbolistas ganando millonadas mientras otros deportistas de élite no lleguen ni al tercio. O que haya gente en paro votando al PP. O hasta que Rita Barberá va a cobrar más que antes por dejar su escaño en el Congreso. Así que si me queréis, aforarme, seguro que a ambos nos suda algo todo un poco más tranquilos.

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