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Asalto al saber

30.03.2016 @caguecast 3 minutos

Uno de los grandes retos del hombre a lo largo de la historia ha sido el de conseguir perdurar en el tiempo, tanto su nombre, como sus conocimientos. De esta forma, se transmitió durante generaciones, siglos y milenios, todo un compendio de avances  que han llegado a nosotros gracias al esfuerzo de pensadores e historiadores. Por esto, las bibliotecas antes no eran sólo un refugio para el estudiante en época de exámenes, sino la salvaguardia de lo que es la humanidad.

El templo del saber para unos, el templo del saqueo para otros. Hasta la Biblioteca Real de Alejandría, la más grande del mundo antiguo, sufrió un incendio y varios expolios, hasta que finalmente fue destruida. Si un icono de tales características, que albergaba hasta 900.000 manuscritos, llegó a ser presa de la ignorancia y sectarismo del hombre, ¿qué puede ocurrir en un archivo cualquiera?

Emperadores, cristianos y musulmanes, fueron los responsables de la rápida destrucción de lo que con grandes esfuerzos se consigue, pero ya no hace falta ser poderoso para hacerle la zancadilla al conocimiento.

Sé que llego tarde para escribir sobre el tema, pero las vicisitudes de las vacaciones de Semana Santa me han impedido hacer lo propio. El pasado jueves 17, un numeroso grupo de estudiantes –algunos ni eso- de Álava, fueron a la huelga para protestar contra la reforma educativa del señor Wert y el cariñosamente apodado 3+2. Lo de siempre.

El estudiante, como cualquier ciudadano, está en su pleno derecho de ir a la huelga, de luchar por lo que se merece y cree merecer, independientemente de su condición, que para algo tenemos la Constitución. Hasta aquí, toda la exposición de motivos parece indiscutible, un marco teórico ya manido que todos respetamos y damos por supuesto, pero no, no siempre funciona así.

La clásica aseveración de “Tu derecho acaba cuando empieza el de otro” cobra importancia cuando no sólo se ejerce en contra de otra persona, sino que además se hace de forma equivocada. Resulta que algunos (recalco el algunos) antisistemas de la izquierda abertzale, aprovecharon la manifestación  para desfogarse en las instalaciones del campus universitario. Y tocaron lo intocable: la biblioteca.

La evolución de la sociedad era esto, donde hasta los movimientos revolucionarios pueden ser precisamente lo contrario. Luchar por la garantía de la educación dinamitándola desde dentro, vaya paradoja. Al final, la problemática reside en las dinámicas que se desarrollan en estos grupos, y es que algunos prefieren destacar en estos círculos por sus “pintas” y por lo mucho que la lían en la calle, antes que por una excelente formación. Se prefiere el empoderamiento aparente, estético, antes que el intelectual. No quieren liberarse de las cadenas del capitalismo si no hay una selfie o vídeo que circule por la red que constate lo radicales que son.

Se aprovecharon así de una manifestación que poco sentido podía tener, ya que el propio rector ha desmentido que se vaya a implantar el 3+2, para asaltar el templo del saber y secuestrar la universidad. Una actuación autoritaria, donde queda claro que los libros que quedan fuera de las lecturas obligatorias en la asamblea, no tienen importancia alguna. El discurso se agota en el momento en que alguien te impone su “Porque lo yo lo digo”. Y que te lo imponga alguien que, ironías de la vida, lucha por una educación que no se merece.

3+2

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