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El Frente Popular de Judea

11.05.2016 @caguecast 3 minutos

Transversalidad en las bases, derechos inalienables del hombre (y la mujer), LGTB friendly y algunos privilegios que ni siquiera llegan a ejercitarse, sin ser necesariamente culpa del Imperio Romano.  Impávidos ante lo que es un combate a vida o muerte en la arena de Palestina, nuestro simpático e ineficiente grupo se lanza de lleno en un enfrentamiento dialéctico que no parece tener demasiado sentido ni final próximo.

Discutiendo los símbolos de una lucha contra la opresión, los componentes del Frente Popular de Judea (FPJ en adelante), pretenden liderar “El Cambio ®” en la tierra prometida, y liberar así al pueblo de las feroces garras de aquellos que evitan su emancipación –y admitiendo con la boca pequeña los progresos que les han reportado-.

–¿Sois del Frente Judaico Popular?- Pregunta Brian.

–Vete a la mierda, nosotros somos del FPJ, ¡ja!, no unos disidentes…- replica muy molesto el pre-socialista.

Éste aclara que para ser admitido en su grupúsculo terrorista, la única condición es odiar (mucho) al Imperio. Y que si hay algo que detestan más que a los romanos, es a los cabrones disidentes del Frente del Pueblo Judaico, del Frente Judaico Popular, y también del Frente Popular de Judea. Ni siquiera con esto se aclaran, creían que eran de la Unión Popular de Judea.

La historia se repite con una confusión de siglas, bases ideológicas aparentemente enfrentadas pero en la realidad equidistantes, y una dinámica de diálogo más lenta que el penco del malvado. Los Monty Python nos demostraban con su sátira que un puñado de escenas convalidan una asignatura entera sobre política.

Ahora, 30 años después del estreno de La Vida de Brian, llega la confluencia. El FPJ logró abrazar  ayer en Sol al FJP en una escena idílica encabezada por el arcoíris que asomaba tras la lluvia. Queda todo así bien atado antes de la infame repetición de las elecciones generales del próximo junio. O no.

Si algo hemos aprendido a lo largo de estos 5 largos meses de burla política y pactos simulados en vistas a la repetición de los comicios, es a no esperar demasiado de los parlamentarios. A la desesperanza se suma una crisis de identidad en un partido que surgió con pretensiones asamblearias que, para colmo, resultó ser sólo una ilusión. Los andaluces conocemos mejor que nadie que un pacto con los disidentes del Frente Judaico puede firmarse en papel mojado, y el resto de españoles, que una melena recogida y despótica puede vendernos un falso entendimiento con la formación que hasta hace poco humillaba.

Apalabrada la famosa confluencia, ahora toca la prueba del verdadero trabajar mano a mano. Como no puede ser de otra forma, sólo la voluntad de las partes y el tiempo resolverán las dudas. Se comprobará así si los morados se entienden con “el bae”, si los palestinos del FPJ y FJP dejan a un lado el insignificante orden de las siglas, y si terminamos con un gran “ROMANI ITE DOMUM” pintado al rojo vivo en el Congreso.

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