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En defensa de Justin Bieber

30.11.2016 @caguecast 4 minutos

A Justin Bieber todo el mundo le odiaba. Tenía 16 años cuando alcanzó la fama mundial con su "Baby". Justin era un chaval canadiense de carita preciosa y pelito perfecto, que además cantaba como pocas estrellas a su edad. Era un diamante para la industria de la música. Su canción sonaba una y otra vez en todos lados hasta el dolor. No solo consiguió batir el récord del mundo de dislikes en YouTube, también consiguió ser de los famosos que más aversión despertaba entre la "sociedad  correcta", esa que te mira raro si te gusta lo que a ellos no. No hizo absolutamente nada para merecerlo, únicamente era un chaval asquerosamente adorable y rico que tardó en desarrollarse (como el autor de este artículo).

Hace  ya 6 años de eso. Entre tanto, decenas de noticias hipervirales debido a sus constantes escándalos. Pasó de esa melena Pantene para aparentar no ser tan pequeño. Cambió sus amistades del club Disney por algunos raperos y demás gente algo chunga. Se echó unas cuantas novias que recibieron amenazas de muerte por parte de sus fans más acérrimas y desquiciadas. Se ha tatuado unas cuantas cosas que me parecen horribles. Y se ha metido en varias peleas. Debe ser duro crecer entre tanta atención, dinero. Tenerlo todo a tu alcance y sin ningún límite. Bueno, más duro es crecer sin dinero, pero ese es otro tema.

El caso es que Justin poco a poco se hizo mayor. Dio un giro de 180º a su carrera para convertirse en un artista pop adulto, siempre en línea con las últimas tendencias. Colaborando con Diplo, Skrillex, Nas o Travis Scott, por decir algunos; demostró que iba más allá del estadio lleno de adolescentes, que quería sonar bien para todo el mundo y mostrar un producto cuidado. Y lo consiguió, pese a quien le pese. Esto se demuestra en el momento en el que los puristas han desaparecido del debate sobre la "calidad" (otro debate) de su música. A todo el mundo le gusta Cold Water. A quien no, al menos no da el coñazo.

Pero bueno, ¿qué tiene que ver todo esto con su último escándalo? Aunque Justin Bieber ahora suena fresh, queda todavía gran parte de ese odio del 2010. Es verdad que la conducta de la celebrity está a años luz de ser ejemplar, pero también es cierto que la opinión pública juzga con más dureza de la que debería alguno de sus actos. Que a uno le pongan de vuelta y media por participar en una carrera ilegal puesto hasta el culo está bien, pero no que se le ataque por lo que podría considerarse un acto de defensa personal.

¿Queda alguien que no haya visto el vídeo en el que Justin le mete un meco a un fan en Barcelona? ¿Tengo que relatar los hechos? Bueno, por si acaso queda algún despistado, se lo resumo de la siguiente forma: imagina que un completo desconocido cuela su mano por la ventanilla del coche en el que estás, y tú, sentado y desprotegido, ves como comienza a toquetearte y sobar tu cara. El resultado: un derechazo bien ejecutado, y es que golpear sentado no es precisamente fácil. Su amigo y boxeador profesional, Floyd Mayweather, estaría orgulloso. Nudillos lastimados y orgullo henchido.

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El pasado 26 de septiembre, a Gigi Hadid, la prestigiosa supermodelo, le atacó un tipo que decía estar de "broma". En mitad de la calle, se acercó a ella y la levantó del suelo. ¿Y qué hizo ella? Meterle un codazo en la boca e intentar seguir golpeándole. Esto tuvo la mitad de repercusión mediática que el caso de Justin en Barcelona, pero se trata de casos similares. Uno se entendió como defensa propia y otro como el acto de un niñato borracho de fama a lo que ya nada le importa.

En principio no se puede justificar la violencia. En principio, y es que hay matices que recoge el Código Penal, pero ¿es una celebridad una persona que debe permitir las intromisiones ilegítimas en su vida privada? De la misma manera, si no ha dado permiso, ¿debe tolerar que invadan su espacio vital?

El mundo del famoseo es aquella realidad paralela a nuestras a menudo aburridas vidas, donde creemos que todo vale porque no parecen personas, si no algo diferente desde la lejanía. Las celebridades venden parcelas de su vida, pero lo queremos todo. Decía Ter en su último vídeo que el cotilleo nos descubre una dimensión interesantísima más allá de la obra de los artistas, es decir, lo que puede parecer accesorio. Todo un mundo de curiosidades, anécdotas e incluso chorradas que te acercan más a la persona detrás del icono. Nada de enjuiciar ni meterse en la vida ajena. La curiosidad natural, respetuosa y sana de conocer a tu ídolo y sentirte aún más identificado. Esa locura de divertirse sin amargar a nadie.

Porque encontrarse en una situación como la suya no debe ser tan fácil. Que ni siquiera sé cómo hubiese reaccionado yo. Sentirte desprotegido hasta en un entorno que se supone te quiere, por muchos millones  de dólares que ganes.  El fenómeno fan te da la vida, pero puede quitártela. Si no que se lo digan a Collin Chapman, admirador y asesino de John Lennon. Al menos le ha dado un minuto de fama y su buena pasta al bocachancla que toca las cosas de no tocar. Ah, y que mejor tratamos lo importante. Hablemos de los conciertos que da con playback y desgana.

 

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