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Periolistos

13.04.2016 @caguecast 3 minutos

No acostumbro a tener en consideración las conversaciones que mantengo bajo la ponzoña etílica -producida gracias a la rubia de mis amores y un principio de insolación que hizo aún más lastimosa la recuperación-, pero en este caso tengo que hacer una excepción. Pese a que el escenario no fuese el más propicio, tuve el placer de mantener con Amanda Villar un provechoso diálogo de estudiante a estudiante, de futuro profesional a futura profesional. Una de esas charlas que te hacen pensar, para que nos entendamos.

Ya anticipó el tema al saludarme, comentando que no somos periodistas, sino "periolistos". Vaya vocablo más tonto. Y gracioso. Y acertado.

Este término puede usarse como un simple calificativo, cariñoso incluso, o como descalificativo, que es lo más correcto. El perfil medio del periodista actual, al menos por lo que puedo apreciar desde mi escasísima experiencia, encaja en lo que podríamos catalogar como un perfecto analfabeto. Se siente, es lo que hay, y no vale mirar para otro lado. Por el ejercicio de autocrítica pasa el progreso y la mejoría de lo que a uno le toca.

Esto es algo que uno nota ya en la universidad, antes templo del conocimento, ahora una simple y deprimente fábrica de profesionales.  El periodista ordinario no quiere conocer, sino que ansía aprender a trabajar. No quiere ser un experto en la materia (en el caso de que llegue a serlo alguna vez) porque sienta pasión por ella, sino porque, en muchas ocasiones, sabe que es lo que da de comer. De esta forma, te encuentras con un tropel de futuribles que sólo están interesados por la vertiente práctica de todo lo que lleguen a oír en un aula. Lo demás, merde.

El pilar fundamental de la información es el factor humano, y el periodista por ello no debe ser otra cosa que un humanista. Economía, cualquiera de las bellas artes, historia, literatura o Derecho son sólo unas pocas de las materias que cualquier comunicador debe manejar con la soltura exigible a un diletante. Que no un cuñao, ojo ahí.

Podría dedicar mis horas libres, que no son pocas, a criticar las deficiencias del sistema educativo español, que tampoco son pocas, pero prefiero pensar en el sujeto como alguien dueño de su destino. El periodista se busca la vida, estudia por su cuenta y es curioso hasta hartar. De otra forma nunca llegará a formar un criterio propio, ya que para lograrlo, no se puede hacer otra cosa que dedicar largos ratos a escudriñar hasta el más mínimo detalle para conseguir finalmente unir las piezas del rompecabezas que forma la vida. Porque nada ocurre por casualidad, pero las causas no son necesariamente evidentes.

Por esto que te explico, por favor, no tengas prisa. Estudia, investiga, pregúntate cosas hasta que tus neuronas pidan un receso, y sobre todo, lee. Encuentra tu pasión y haz de ella tu mejor aliada. No seas un "periolisto", sé una autoridad intelectual. El periodista tiene entre manos algo que significa más que un curro en la oficina.

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